I. Una disculpa previa. Alguien a quien nunca vi parar.
En su función editorial, ideó Jesús Bengoechea una serie sobre nuestro portero favorito, y en los ritos del reparto, Alberto Cosín, el que mejor escribe del fútbol pasado, me devolvió al Ricardo Zamora que le había tocado. Sé bien que el motivo fue su generosidad, y no mi edad, o cualesquiera otro azar capaz de inspirar ya compasión, ya temor reverencial. Con arreglo a mi propia inteligencia del encargo de nuestro editor, lo que sigue va de mi relación con la visión de Ricardo Zamora que he ido modelando a lo largo de la vida. O sea, de lo único que es capaz de explicar que alguien a quien nunca vi parar sea mi portero favorito.
II. Zamora, una evocación devota, cuando nieto.
Mientras no podemos saber que se extingue la Edad de Oro del Madrid, porque nuestro equipo detenta el monopolio en Liga, y pelea siempre la exclusiva Copa de Europa, de la que pronto nos traerá la Sexta, los colchoneros buscan revancha hasta en las chapas. Los partidos de fútbol no son de la pandilla, como las vueltas ciclistas. Suceden en una intimidad morosa que facilita el acceso al conocimiento esotérico, que nos llega siempre de las fuentes familiares más autorizadas, padres, o hermanos mayores. Zamora pertenece entonces a esa clase reservada de saber. Seguir leyendo RICARDO ZAMORA