LAS AFICIONES EN LA BATALLA POR KIEV

El Allianz Arena aprieta de lo lindo. No es el Iduna Park, pero ves a la gente ponerse en pie en las gradas. Aprieta al árbitro. Aprieta a los jugadores malditos del contrario. Y no deja un momento de animar a los suyos. La mejor manera de apretar a aquellos con los que compartes aspiraciones y objetivos. Jupp Heynckes, un veterano con tres copas de Europa tatuadas en la piel, valoró la afición de cada equipo como un factor diferencial a su favor. Si tenía razón, se equivocó en el modo de enfatizarla. Dijo del Bernabéu que abandona al Madrid cuando las cosas no van bien. Quizá lo recuerda así de la temporada de la Séptima. Pero ha llovido mucho. Sólo dos días antes, el tercer gol de la Juve había demostrado que el Bernabéu (ya) no (siempre) es así. 

Estuve en Marienplatz, de previa, y en el campo, con compañeros de aquí y de secciones de Fans RMCF de Alemania, Austria, Holanda, Luxemburgo, Polonia, Italia y Suiza, y de la peña de Macedonia. Me sentía orgulloso de este estilo de animación combativa y limpia que el Madrid ha consolidado ya. Una blanca identidad trasnacional, reconocible como exclusivamente madridista. Alegre y respetuosa con las ciudades que visita. 

Para negarle el mérito a Florentino Pérez, un sector mediático se lo quiere negar a esta afición ejemplar. Ellos lo llevan sobre su conciencia y honor, y nosotros vamos por Europa con la cabeza muy alta, en vez de pidiendo perdón por los desmanes. Cuando el martes continúe la batalla por Kiev, el obstáculo para la tercera final consecutiva, mis amigos serán el corazón del Bernabéu. De una afición que ejercerá el papel de soporte moral del equipo, que le ha negado Heynckes, con la pasión que enciende el saber que estás siendo parte de la Historia. No lo duden.

Publicado en MARCA, el 27 de abril de 2018

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