DAME UN MINUTO: PERSONALIDAD

Hace 2500 años, un hombre sabio y prudente llamado Tucidides observó que en las luchas civiles y las guerras «cambian la significación acostumbrada las palabras, para justificar los hechos». A diario, lo hace Isaac Fouto.Alguien nos ha declarado la guerra.

Mediando, o no, contrato o recompensa de la organización arbitral española, Fouto parece ser el portavoz oficioso de los árbitros. Justifica decisiones arbitrales que revisten la apariencia de ser injustas, por haberse arbitrado de forma antagónica acciones de idéntica o muy similar naturaleza. Son tantas, que debe ser un trabajo agotador. Por fortuna para él, Fouto actúa sin complejos para sacar adelante el tajo. No parece importarle mentir. Lo hace con más soltura que un concejal. Semejante proceder presenta un defecto notable como técnica de comunicación. Su resultado es que el destinatario de la misma, previamente agraviado por la injusticia, se siente además tratado como un imbécil por la justificación de que no la padeció. Ello abunda en el notable desprestigio y el descrédito de los árbitros españoles. En fin, si yo fuera el que manda en la organización arbitral, pagaría a Fouto para que se callara.

Para que lo entienda el mando: A fin de justificar, ayer, que Mateu Lahoz e Iglesias Villanueva no señalaran penalti en la mano de Morcillo que interrumpió un centro de Odriozola en el área del Athletic, escribió el relato fantástico de una acción en la que el brazo de Morcillo «se evade, no invade». Con la crueldad inherente a Twitter,@Sergio96_PN le puso en evidencia. En respuesta al tweet de Fouto, publicó tres fotos con la secuencia de la acción. En el momento del centro, Morcillo tiene el brazo pegado al tronco; a continuación lo separa de él, abriendo el brazo para interceptar el balón con el codo. Como Fouto ha asumido ante los aficionados el rol de portavoz oficioso de la organización arbitral, son los árbitros españoles quienes quedan como tramposos, y por ende mentirosos. Pidiendo perdón —la técnica de comunicación contraria—, evitarían, o al menos suavizarían, esa pésima imagen que la actuación de Fouto enfatiza.

Fouto, claro, no se disculpó por su falta de respeto, lo que apunta a un rasgo de su «personalidad» que ya nos habían revelado sus declaraciones posteriores al partido de Granada. Creía que nada en él podría sorprenderme tras la excelente entrevista que Andy Torres le hizo en estas páginas, con Fouto, en fuga constante de la lógica, acreditando una notable capacidad de fabulación. Pero me espantó su adulación a Gil Manzano, elogiando la «personalidad» que había demostrado al adoptar dos decisiones patentemente injustas en dos acciones violentas y lesivas sobre jugadores del Madrid. Una proposición tan socialmente inaceptable, otros dirían indecente, sobre la actuación de alguien obligado a impartir justicia, nos habla más de la «personalidad» del adulador que de la del adulado. No estoy seguro de que esos rasgos narcisistas y antisociales que revela tengan tratamiento. Pero Isaac Fouto todavía es joven. Debería hacérselo mirar.

Publicado en LA GALERNA, el 17 de mayo de 2021 

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