Hacia el final de su vida, escribió Jenofonte que «es propio de un hombre inteligente sacar provecho, incluso, de los enemigos». Reconozco una autoridad especial a estas palabras. Fueron escritas por un hombre que, siendo mercenario, cuando joven, al frente de Los Diez Mil, tuvo que abrirse paso mil millas a través de territorio enemigo para escapar a la furia vengativa de Artajerjes II, que había mandado asesinar traicioneramente a sus jefes. Tan infeliz como heroica expedición, inspiraría en Jenofonte la Anábasis. Medio siglo después, Alejandro Magno utilizará esta obra para planificar la guerra de conquista del Imperio Persa, demostrando el macedonio, de paso, cuánta verdad encierra la máxima del ateniense. Seguir leyendo ¿Otra guerra civil?
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El equipo sin alma (y III)
El cuarto partido de la eliminatoria certificó quién la había ganado en el tercero. Cuando el viernes 20 de abril, a la estela del capitán Zamora, Ciriaco, Quincoces, Pedro Regueiro, Bonet, Leoncito, Lazcano, Luis Regueiro, Samitier, Hilario y Eugenio saltaron al campo de Sarriá, inmediatamente comprendieron que, a pesar de que el protocolo federativo les situaba de visitantes, jugaban como locales. El Madrid, después de años de hostilidad, se había ganado al público catalán superando con juego y coraje un marcador contrario y un arbitraje injusto.
El Equipo sin alma (II)
El martes 10 de abril –los lunes no se publicaban diarios- JUAN DEPORTISTA, cronista de ABC, calificaba al Madrid de “El equipo sin alma” en su relato del primer encuentro de la eliminatoria disputado el domingo en Chamartín «a este Madrid que reúne tantos excelentes futbolistas y carece , sin embargo, de ese espíritu de grupo, de la llama entusiasta que prende en un hombre y, contagiándose a todos, se ofrece en llamarada ardiente, que gana terreno contrario o se eleva en una defensiva unánime y ardiente»

Primera Plana
Si fuera tan cursi como Juanma Trueba, rebatiría el planteamiento demagógico, el fondo simplista y la falacia argumentativa de la última entrada de sus “Crónicas Mundanas”, esa que ha titulado “The Newsroom y el Real Madrid”, en su mismo estilo rococó. Para tranquilidad de los escasos y fieles lectores de esta página, mis padres, el barrio, los billares, los curas y los jefes de centuria me ahorraron semejante lacra. Seguir leyendo Primera Plana
Ultras sur, Casillas, Pilar y una señora del lugar.
Como recientemente soy ultrasur, según difunden en Twitter, desde sus cuentas troll, mal disimulados becarios —tontos hasta para el disimulo— de la Prensa del Régimen, me atreveré a mencionar el tema de moda. Al spam, por cierto, le aplico mi propia Lista Robinson. No esforzaos, meritorios aspirantes a roer huesos del “chistu”. O esforzaos, más. O haced lo que os venga en gana, mejor dicho.

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El equipo sin alma (I)
Desde 1917 el Madrid no ganaba el Campeonato de España. Diecisiete años a la sombra del Club más poderoso, el Athletic Club de Bilbao, campeón las cuatro últimas ediciones, en dos de cuyas finales, ambas celebradas en el Estadio de Montjuic, había ganado al Madrid por la mínima.
Tras la final de 1930, resuelta 3-2 con un gol del vasco Lafuente en el minuto 115, la prensa vasca había acusado a los madridistas de comportarse con violencia extrema, aunque de los dos expulsados uno lo había sido a cada equipo. A la final de 1933, que el Athletic ganó 2-1 superando la inicial ventaja madridista, acudió el Madrid con un equipo completamente renovado. Sólo Lazcano, delantero y autor del gol madridista, había formado parte del equipo que disputó la final de 1930, en la que también marcó para el Real un tanto que, a la postre, no sirvió de nada. Seguir leyendo El equipo sin alma (I)
El club sin discurso (III)
En el cambio de paradigma social en España, habían cobrado una importancia inusitada los nacionalismos. Kortabarría e Iríbar, capitanes de Real Sociedad y Athletic Club, portando la Ikurriña al frente de sus equipos, en el derbi vasco de 1976 en San Sebastián, eran el verdadero icono de la situación emergente. Todavía no se habían celebrado las primeras elecciones democráticas, y lógicamente, los nacionalismos catalanista, vasco y gallego se asociaban al antifranquismo. El tiempo dibujará en el futuro muchos matices, pero ese tiempo está por venir. Tanto el Barcelona, como los dos equipos vascos, diseñan apresuradamente un discurso en el que, con mayor o menor grado de explicitación, asumen una posición de representantes simbólicos de sus respectivos nacionalismos.

En esas primeras elecciones, celebradas un año antes del ascenso de Luis De Carlos a la presidencia del Madrid, Alianza Popular, el partido que hace bandera del nacionalismo españolista, obtiene un respaldo muy reducido, bastante por debajo del PCE, y a muchísima distancia de UCD y PSOE, los dos partidos que reúnen la mayoría del electorado. En las segundas, celebradas cuando Luis De Carlos lleva un año de ejercicio presidencial, el resultado que alcanza la entonces denominada Coalición Popular es todavía peor, casi testimonial.
El club sin discurso (II)
Santiago Bernabéu había mantenido «la política» fuera del club. Personalmente no sostuvo buenas relaciones con los delegados nacionales de deportes, a excepción de Samaranch, en el breve periodo que —para los tiempos congelados de entonces— desempeñó un cargo reservado a «falangistas». Su liderazgo social le había permitido, incluso, dar muestras de independencia de criterio que, como apuntamos, alguna vez rayaban en la ofensa personal al dictador. Prohibir la entrada al palco del estadio al laureado general Millán Astray, o conceder el saque de honor en el homenaje a Molowny a su amigo Luis Regueiro, el legendario delantero de los años treinta, un «rojo» al que había ayudado a volver de su exilio mexicano, demuestra que sus acciones se ajustaban a sus principios, por encima de la conveniencia política. Después, Saporta, que llevaba las relaciones con El Pardo, se encargaba de poner bálsamo en las heridas.

El club sin discurso (I)
La transición política atropelló al Madrid con Santiago Bernabéu enfermo, envejecido y prácticamente retirado. Y con una masa social cautiva por la inmensa deuda de gratitud que sentía hacia el anciano presidente, una de las figuras clave del desarrollo del fútbol mundial como espectáculo de masas y el constructor de la gran leyenda del Madrid.

Ética a Florentino
Tiene suerte el Madrid. Siempre se le aparecen predicadores dispuestos a recordarle los límites de la libertad. Desde toda clase de púlpitos. En cambio, el pobre Barcelona, no encuentra un hombre sincero que le advierta que el Rey está desnudo.

Por desgracia, los censores no parecen ser, precisamente, los más listos de la clase. Si fueran intelectualmente competentes, no digo brillantes, tanta abundancia de crítica sería de una utilidad extrema. Pero pasar el día recibiendo lecciones de cualquier charlatán, exige un derroche de paciencia, que resultaría mucho más útil aplicar en cualquier otra faceta del ejercicio de la presidencia. Con toda humildad, recomendaría a Florentino Pérez que, si no lo ha hecho ya, prescinda de la lectura de esta clase de prensa deportiva. Va a ser más feliz, y no va a estar menos informado. Y los madridistas más tranquilos. De otra forma, cualquier día nos quedamos sin presidente: Descanse en paz Florentino, falleció víctima de un ataque de risa. Seguir leyendo Ética a Florentino