Donde Antonio das Caldeiradas, almorzaron los diez que habían entrenado esa mañana. Eran un equipo de barrio. El de la Rua Direita de Belém. Aquella tarde del 28 de febrero de 1904 estaban citados cerca, en la Farmacia Franco. Se reunieron veinticuatro y acordaron constituir el Grupo Sport Lisboa. Sobre su primer escudo un águila levanta el vuelo.
Manuel Gourlade, el hombre que entregó su vida al Sport Lisboa
Miro de reojo al enemigo —rival, para quien guste de la corrección política—. A tenor de la partitura monocorde, desafino. Nunca supe cantar los salmos «ser fieles a nuestro estilo» y «no variar, Señor, nuestra forma de jugar, quienquiera sea aquél a quien tus designios nos enfrenten». Mala propaganda, que la realidad ha desnudado tantas veces.
Aunque les pese a los compositores de la salmodia de los valores, como el fútbol no es la sublimación de la religión, debería estar exento de dogma. Sublimará, si acaso, la guerra, una de sus más reiteradas manifestaciones. Se reconoce, pues, en los dominios de la estrategia y la táctica. Nada tan elástico, tan dúctil, tan sinuoso. Sonrío. Ya siento en mi cerviz la santa indignación de los gurús del fariseísmo rampante y adivino en mi twitter la cólera de todos sus corifeos de escritorio.
Orgullo del Barça y, sobre todo, de su aparato de agitprop
Vino Gareth Bale. Ninguna recomendación en relación con el asunto. Hice una, sabiendo que era inútil, porque su pretensión no era didáctica sino caustica. Por reproducida “Ética a Florentino”, elevo a definitivas sus conclusiones, incluida la reflexión de Bonaparte sobre cómo la desproporción entre los medios y los fines caracteriza la demencia. Para descrédito de ciertos periodistas deportivos, el fichaje ha durado una eternidad, multiplicando de forma exponencial las oportunidades de ponerse en evidencia. Y en esta larga prórroga, fecundada por el Tata Martino, la demencia se hizo carne.
Antonio Betancort. Lo ilustro con este paradón en un partido frente al FC Barcelona para que del texto no parezca que pienso cosa distinta de que era un porterazo el portero de mi infancia. Foto: ABC
Arbeloa se despide de los Fans del Madrid. En la grada, bufanda en alto, por algún sitio anda el autor.
Arbeloa no es una persona cualquiera. Y no termino con ésta las alusiones a la canción que Calamaro escribió a Maradona. No es Álvaro Arbeloa un hombre pegado a una pelota de cuero. Y mucho menos, tiene un guante blanco calzado en el pie. Ni falta que nos hace. Seguir leyendo Arbeloa→
José Mourinho. Entrenador del Manchester United a la fecha de incorporar este artículo al blog.
El día que hizo suyo el mantra de campaña de la progresía patriótica, el atlético Juan Echanove demostró alguna intuición. Mourinho -coreó- es capaz de sacar lo peor de cada persona. Nos confirmó el raído eslogan hace unos días mi compañero Gerardo Viada, mientras patrocinaba los intereses del diario El País en un juicio promovido por José Mourinho en defensa de su honra. Y no ocurrió en estrados.
Gerardo Viada. Abogado de EL PAIS y de Carlos Boyero. Foto: El Faro de Vigo
Aburridos, aguardábamos en un pasillo el comienzo de la vista, retrasada como si en un juzgado madrileño fuera a celebrarse. Transcurría la espera entre bostezos cuando, sin estímulo externo que mediara, el abogado Viada decidió convertir la antesala del tribunal en un mercado de abastos. Llamó -o hizo que llamaba- al teléfono de su cliente, adoptó un tono de voz tan alto como fuera preciso para asegurarse de que íbamos a oírle, y espetó: “Está aquí el hijo de puta este de Mourinho.” Mourinho estaba a su lado. Seguir leyendo Elegía y elogio de Esquilache→