ES EL ARBITRAJE, ESTÚPIDO

Cuando las escuchas del caso Soulé descubren a Enrique Cerezo y a Joan Gaspart enfrascados en mover sus influencias para que el TAD apuntale a Ángel Villar, las personas verdaderamente inteligentes piensan que sólo el interés de ambos por el fútbol base y la marca España les mueve a emplearse tan a fondo. Los imbéciles, sin embargo, somos capaces de imaginar motivos más prosaicos para tantos desvelos.

Demasiada gente que demuestra poco cariño al Madrid está empeñada en convencernos de sacar el factor arbitral de la compleja ecuación que explica la trayectoria del equipo. Quizá sea que ignoran el consejo de Napoleón de no distraer al enemigo cuando se equivoca. Quizá sea, aunque nos traten de imbéciles, que no nos equivocamos. Al revés, entre todos los factores cuya interacción explica la ejecutoria del equipo, la cuestión arbitral es la única que no se puede arreglar sin la opinión pública. Nunca tendrá solución sin un relato nuevo. Sin desmontar primero, ante la opinión pública, el relato oficial. Las falacias del “hoy te dan, mañana te quitan”, o de «los grandes no pueden quejarse”.

Los datos que las rebaten circulan poco por los medios. Me los pasa en twitter @maketolari: otro aficionado como yo. Hablan de tendencias consolidadas. Por ejemplo: en la Liga española, desde 2004, el Barcelona ha sufrido 61 expulsiones y sus rivales 103. Mientras, el Madrid ha sufrido 85 y sus rivales 73. Encuentren algo similar en otro campeón nacional. Por ejemplo, mientras el Madrid gana el 76% de los partidos que juega, gana el 56% de los que le arbitra Fernández Borbalán. De modo que hay que ser extremadamente inteligente para no sospechar que ese porcentaje es la causa probable de su designación por Sánchez Arminio para arbitrar al Madrid por segunda vez  en 12 jornadas, precisamente el derbi.

 

Publicado en MARCA, el 23 de noviembre de 2017

 

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