En el Terreiro do Paço, el capitán de caballería Salgueiro Maia salió de entre sus hombres. Armado de una granada, avanzó sin escolta hacia el tanque que defendía el Ministerio del Ejército. Tras breve parlamento, un coronel dio orden de abrir fuego contra él. El tirador que le apuntaba, bajó el arma. Los defensores se unieron a los asaltantes. Poco después, Maia convencía a Marcelo Caetano de la oportunidad de mudarse a Brasil, vía España, poniendo fin a la decana de las dos dictaduras ibéricas.

En las bocas de los fusiles de asalto de las tropas, los paisanos prendieron claveles. Rojos y blancos. Ocurre que así son los claveles que venden las floristas, y los lisboetas habían cogido las flores de abril en un puesto cercano. Para celebrar la Libertad, no la victoria del Atleti, la noche anterior, frente al Celtic de Glasgow. De hecho, cada clavel es un sujeto: es rojo, benfiquista, o blanco, madridista. Seguir leyendo Lisboa, el Atleti y yo (entre la ilusión y la pereza) 02.05.14