El 4 de mayo de 1949, un avión procedente de Lisboa se reventó contra la basílica de Superga, en la aproximación al viejo aeropuerto de Turín. No hubo supervivientes. Entre los treinta y un ocupantes del Fiat G.212, cuyos pilotos se equivocaron por la densa niebla y posiblemente un error de altímetro, se encontraban los dieciocho integrantes del Torino Calcio, seguramente el mejor equipo europeo de la época, que volvían a casa tras disputar frente al Benfica un partido de homenaje a su capitán Xico Ferreira.
En el Terreiro do Paço, el capitán de caballería Salgueiro Maia salió de entre sus hombres. Armado de una granada, avanzó sin escolta hacia el tanque que defendía el Ministerio del Ejército. Tras breve parlamento, un coronel dio orden de abrir fuego contra él. El tirador que le apuntaba, bajó el arma. Los defensores se unieron a los asaltantes. Poco después, Maia convencía a Marcelo Caetano de la oportunidad de mudarse a Brasil, vía España, poniendo fin a la decana de las dos dictaduras ibéricas.
El capitán Salgueiro Maia. Héroe de la Revolución portuguesa.
En las bocas de los fusiles de asalto de las tropas, los paisanos prendieron claveles. Rojos y blancos. Ocurre que así son los claveles que venden las floristas, y los lisboetas habían cogido las flores de abril en un puesto cercano. Para celebrar la Libertad, no la victoria del Atleti, la noche anterior, frente al Celtic de Glasgow. De hecho, cada clavel es un sujeto: es rojo, benfiquista, o blanco, madridista. Seguir leyendo Lisboa, el Atleti y yo (entre la ilusión y la pereza) 02.05.14→