EL CAMBIO

El cambio, que es como titula José Félix Díaz su crónica de las elecciones a la presidencia de la Federación, es uno de los tópicos más frecuentes en política. Debería estar raído por el uso y sin embargo no se gasta, está siempre como a estrenar, porque eternamente nos convoca a una esperanza nueva. Siempre mira a un futuro en el que estarán bien las cosas malas del presente, o sea de la realidad. Así que cuanto peor están las cosas, más concedemos al cambio un valor en sí mismo, al margen de la dirección que anuncie. El «portanálisis» de La Galerna lo suscita en la incógnita con la que saluda la elección de Luis Rubiales: no sabemos si el cambio será a mejor o a muchísimo mejor. A peor es imposible, sentencia. 

En este espacio, como consta, somos partidarios radicales de las amplias posibilidades de cambio que encarna el nuevo presidente de la Federación. Celebramos su elección, como MARCA, que subraya en portada su posición editorial. «El presidente de todos» no puede leerse en sentido literal, sino en el de su compromiso con el interés general. El cambio es que no sea el presidente de todos. De los violentos, los tramposos y los corruptos lo ha sido por omisión o por acción, según las veces, el régimen al que el resultado electoral debe poner fin, aunque tras treinta años, impregnará como el moho los muros federativos. Así que no pido mucho. Bastará ver a Velasco Carballo, un modernizador técnicamente competente, al frente del CTA; transparencia en las designaciones y ascensos; modificaciones reglamentarias para sancionar a posteriori la trampa y la violencia que escapan al árbitro pero no al vídeo, y una actitud decidida contra las gradas racistas, excluyentes y violentas para entender que el cambio que trae Rubiales no es el peor de los cambios: el lampedusiano.  

Publicado en MARCA, el 22 de mayo de 2018

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