La pipa de la paz y la cara de póker

Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, en Punto Pelota. Enfrente, dos gregarios del equipo AS con mucha miga. Y casi toda tierna. ¿Es que mueve a ternura la maldad de los simples?

El protopeñista Roncero encajando
El protopeñista Roncero encajando en el rincón neutral

Coinciden los Alpes con el ecuador de la pretemporada futbolística, a punto de concluir su fase más tediosa. Para el madridista inteligente, este año no hubo lugar al aburrimiento.

Con sus cuestas infinitas, el Tour nos trae una herramienta imprescindible en el arsenal táctico del ciclista: La cara de póker. Ya puede estar pasando las de San Quintín. Le duelen las piernas, los brazos; le duele la vista. Sabe que dolerán hasta el delirio. Su corazón se estruja doscientas veces por minuto, queriendo impulsar hasta los agotados músculos oxígeno bastante, que sus pulmones no son capaces de aspirar. Con rictus impenetrable, cuida que no le asome al rostro el sufrimiento. Alerta a las señales de desfallecimiento, siente a las fieras olfateando en el aire el más mínimo síntoma de debilidad, prestas a saltar sobre la presa. El contexto convierte en inversión un aparente derroche de energía. El rédito esperado, no tener que agotar las casi consumidas reservas. Se deja caer para luego adelantar por la cuneta, hasta alcanzar las primeras posiciones. Si funciona, el ardid producirá su efecto disuasorio. Amansará a las fieras. En un día malo, llegará indemne a la meta.

 

Madrugó el atractivo de esta pretemporada madridista. En junio, con Florentino Pérez en Punto Pelota. Tras la entrevista de Josep Pedrerol, se enfrentó el Presidente al resto del elenco. El interés del combate, que alguno ardientemente deseábamos, residía en la presencia en el plató de dos de los más firmes sostenes de la marca As.

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Pedro Pablo Sanmartín

Aunque provenga del fútbol amateur, Pedro Pablo Sanmartín, subdirector del As, tiene más aprendido del ciclismo que su subordinado y amigo, el peñista Tomás Roncero. O lo mismo a Roncero le apasiona el mundo de la bicicleta. En tal caso, parece haberlo entendido como entiende el del fútbol. O sea, fatal.

 

Llegaba Pedro Pablo ostentando la victoria de su equipo en una etapa no de trámite que había durado tres años. Cierto que las diferencias en la meta no habían sido las previstas. Finalmente, no consiguieron imponer al entrenador Benítez que, desde diciembre, exigía el director Relaño con ninguna discreción. Nada de pinganillos. A la manera clásica. Gritando, con medio cuerpo fuera de la ventanilla del coche de asistencia.

 

Recurrieron, entonces, a las transfusiones, para intentar una victoria por sorpresa contra el crono. Pero, pese a buscarlo por tierra, mar y aire, hasta en la despensa de la célebre cocina de Toñín el Torero, no encontraron candidato a las presidenciales. Derrota en la contrarreloj que, como todos daban por descontada, tampoco les causó daños que barruntaran irreparables.

 

Consumido el músculo hasta el hueso, a base de sacrificar lectores a su agenda cada vez menos oculta, para apuntarse al cabo una victoria que se antojaba pírrica, se imponía disimular la auténtica situación de la carrera. Así que Pedro Pablo, con aires amistosos, pedaleó en paralelo al líder del equipo contrario, y como quien no quiere la cosa, le musitó al oído: Te perdonamos.

 

Las palabras precisas fueron: «Me gusta mucho el tono conciliador. Mirar para adelante. Dejar de pelearnos. Dejarse de si dijo o dejó de decir. El Madrid parte de un punto cero en el que el Presidente está intentando enderezar la nave. Intentar que si pasan cosas, que no pasen, y partir de cero.» La cara de póker la ponía Florentino. Confundía al periodista la falta de emoción, de asertividad, del Presidente. Si Pedro Pablo hubiera estado en todo, habría visto, como la vimos otros, la mueca de extrañeza que, en un momento dado, no quiso evitar Florentino. Y habría sacado la prudente conclusión de que la estaba cagando.

 

Para empezar, a perdonar la vida a alguien, no se manda un gregario. La pipa de la paz la fuman los grandes jefes indios. Con todos los respetos, Sanmartin es asunto de Carbajosa. Meter manillar y eso. Como nos volváis a intentar cortar en un abanico, os sacamos al patatal. Las lindezas, en fin, que toda la vida se han oído en los gabinetes de prensa, hasta que nos enteramos de que darle cuatro voces al virginal Antón Meana era un atentado a los derechos del hombre, asimilable a las checas madrileñas según el inefable José Joaquín Brotons.

 

Para seguir, como decía mi abuelo el del Atleti, cuando tienes el rabo de paja, no debes cruzar la hoguera. Y sobre todo, nunca hay que dejar de prestar atención a qué hacen los demás equipos. No sea que te la líe Pantani pero te remate Ullrich. Ni lo uno, ni lo otro. Entre melifluo y rutinario, el subdirector de As continuaba administrando su indulgencia, sin prestar la debida atención ni al interlocutor, ni al entorno, ni a sus propias debilidades.

 

Siro López, que las ha tenido de todos los colores con Pedro Pablo, asistía con aire indiferente a la ceremonia del perdón. Inocentemente, preguntó, más o menos, cómo se sentiría tras la abolición de la esclavitud el esclavo de Mourinho, uno de los muchos ultrajes vertidos por As sobre el entrenador y el presidente del Madrid. Tras evocar las risas que le producían, y con él a todos los madridistas, los disparates del diario, el Presidente pintó a Sanmartín las rayas que no puede atravesar la prensa, «no recurrir ni a la mentira, ni al insulto, ni a la descalificación», por más que se lo aconsejen sus deudas de amistad con entrenadores y jugadores a colocar. Y describió la persecución y maltrato sin precedentes a que habían sometido al portugués. Gráficamente, le arrancó de la mano la pipa de la paz, y tras romperla en la rodilla, arrojó al asfalto los pedazos. El aroma de la escena, delató que Pedro Pablo la llevaba cargada de la peor marihuana. Pasamos a publicidad.

 

Frustrado el farol de su jefe y amigo, mientras el precitado Sanmartín recomponía —con balbuceantes «digo yo que se podrá…»— la bici destruida por los pedazos de la maldita pipa, que inopinadamente alguien le había metido entre los radios, tomó el relevo el campeón de nuestros campeones del mundo. De esos muchachos de los medios, digo, que visto lo que se adornan, parece que fueron ellos los que ganaron en Sudáfrica. O como mínimo, cortaron el césped. A base de sobarla y besarla, en Brasil vamos a devolver la Copa más desgastada que el parteluz del Pórtico de la Gloria. Mejor les habría ido abollándola a cabezazos, a ver si, como el Santo dos Croques, iluminaba esos cráneos preclaros.

 

Lo último que podíamos esperar del protopeñista era inteligencia táctica. Y no nos defraudó. Este, a todos los efectos, actúa como Gila el día que vio a cuatro maleantes apaleando a un pobre hombre. Sólo cuando resolvió sus dudas, “me meto, no me meto”, pudo respirar tranquilo: “¡Madre mía! La paliza que le dimos entre los cinco…”. Con el reflejo condicionado de acudir en auxilio del vencedor, y sin salirse del guión de campeón de campeones, adoptó un tono de confesionario para sugerir al Presidente que descargara su conciencia en la audiencia. Confiesa, Florentino, que en la intimidad de tu alcoba, con la familia quizá, te has arrepentido muchas veces de haber despedido a Del Bosque.

 

Cuando el primer directo al plexo solar le cortó el aire, la única cara de póker que supo poner es la del que enseña un full de ases y se encuentra con una escalera de color. «Vicentón, lo diríamos en tono amistoso», acertó a balbucear. Para entonces, ya venía el siguiente. Tu director calificó de vergonzante la novena Copa de Europa. Eso no. Cómo que no, está en twitter. Twitter puede decir lo que quiera, repuso. Hay que reconocer, atendido su caso, que lo decía con toda autoridad. A este fenómeno, con trescientos mil seguidores nada menos en la red social, lo más inteligente que se le recuerda haber tuiteado fue: «Soy español, ¿a qué quieres que te gane?».

 

Ya se oía al Presidente matizar el desliz del subconsciente, en Google, dijo. Pero no. Florentino había dicho bien a la primera. En Google estaban, pero allí podían seguir por muchos años, si Twitter no los hubiera devuelto al mundo de los vivos, alcanzado una difusión inmediata y masiva. Eran el vídeo-editorial de Relaño, el día del gol de Zidane en la Novena, y su columna publicada al día siguiente, disparando contra Del Bosque todavía más plomo, y calificando una Copa de Europa de victoria vergonzante. Y allí fueron, en segundos, remitidos a #PuntoPelota, vía Twitter, por centenares de espectadores, entre los que me cuento. Y claro, a vuelta de publicidad, el Presidente leyó la cartilla al protopeñista demagogo.

 

La combinación Google-Twitter es mortal para esta clase de periodismo veleta, indocumentado y oportunista; amigo del último que gana; sin más criterio que el topicazo patriotero y la geometría variable de su ética, según se aplique o no a un nacional español. Uno, en su caso, se esforzaría en comprender y asumir el cambio de escenario. Pero exige un esfuerzo intelectual para el que no preparan las sobremesas en Txistu. Como mucho, intentando neutralizar su influencia, han tratado de desacreditar la red social madridista. Entrando a provocar, como suele Alfredo Relaño. Para coleccionar improperios de los menos avisados, y poderlos exhibir donde proceda, haciendo pasar la parte por el todo.

 

Cuando cruzó la meta, Florentino seguía con la cara de póker. Ahora, seguramente, para no reír: Hay que saber ganar. A la extraña pareja aún le faltaba subir el Galibier. Con su cara de tute. Por fin, les habían cantado las cuarenta.

 

(publicado en ZOOMNEWS, julio de 2013)

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