Reivindicación de Jesé

No conozco bien a Jesé. He prestado una atención intermitente al futbolista. Hace tres temporadas llamó mi atención sobre él Santiago Segurola, cuando todavía frecuentaba ese “bar de borrachos”, que un día dijo que era twitter. Su DM ponderaba las condiciones del juvenil de poco más de 17 años, subcampéon de Europa con los sub-17. Parece que hace poco, pero póngase en perspectiva. Un año después, Mourinho le llevó a la pretemporada del primer equipo, dándonos la impagable ocasión de escuchar a algunos de los que inmediatamente se aprestaron a la grata tarea de pontificar sobre el chaval, hablarnos de Yesé. O quizá Je sais. No puede descartarse que pensaran que el canario vino al mundo en la patria de Julien Jarroson. A diferencia de aquellos pontífices del fútbol, anticipo honestamente las limitaciones de mi conocimiento, para relativizar cuanto sigue.

Jesé Rodríguez, a fecha de recopilar este artículo jugador del PSG
Jesé Rodríguez, a fecha de recopilar este artículo jugador del PSG

De los de Valdebebas, para mí es el único que apunta madera de crack. Sus condiciones técnicas nos hablan de esa rarísima materia prima. Es veloz, poderoso y dueño de un endiablado dribling. Le hemos visto hacer el lío a no pocas defensas de segunda, lucir una capacidad de desborde de las que no es frecuente disfrutar, y demostrar potencia y puntería en el disparo a puerta. La aparición de uno de estos se da cada dos años bisiestos. Pero la consolidación de un fenómeno es aún más rara. Como demuestran los que también apuntaban condiciones y se quedaron en el camino de serlo, todo eso es necesario, pero no suficiente. Entre tener madera y ponerse la vitola hay un trayecto. Y no hay buen vino sin una buena uva, es cierto. Tan cierto como que en la transformación de la uva en vino, todo cuidado es poco. Sobre esa conversión apunto mis reflexiones. Preocupación sincera de un madridista, cuyo único interés es el futuro de su equipo.

 

La prensa deportiva tiene otros intereses. Y a diferentes intereses, distintas pautas de conducta. Finales de 2010. Jesé todavía jugaba con el Juvenil A. Marca comenzó a corromper la información con el titular “El Cristiano de Valdebebas”. Habría querido poder pensar que se trataba de una errata, y el escueto apunte que seguía se refería a uno de los “atletas de Dios”. Pero los periodistas deportivos ya nos tienen acostumbrados al exceso. Valga, por todos, el caso Canales. Siendo, aún, reserva en el Racing de Santander, ya había coleccionado unas cuantas portadas de los diarios madrileños.

 

El titular, efectivamente, introducía -me pregunté si a sugerencia de Julio Cesar Iglesias, tan amigo de los bautizos como aficionado al boxeo- al llamado Jesé “Maravilla” Rodríguez. El “JR10” y los “mirlos blancos”, sabían a Marca puro y duro. Pero la descripción de sus goles como “propios de FIFA o PRO”, delataba la autoría de la facción adultescente. Si esto último me hizo concebir alguna esperanza de que, por respeto al porvenir del futbolista en ciernes, la dirección del medio impusiera la cordura, pronto se demostraría vana. Con ocasión de su debut en el Castilla de 2ª B, algo después de un mes, un titular del diario más leído de España insistía en comparar al canario con Cristiano Ronaldo. El motivo, intentar una asistencia de rabona a Carvajal, en un partido contra el temible Universidad de Las Palmas, que el Castilla ganó 5-0, con goles de los ignorados Sarabia (2), Morata, Juanfran y Joselu.

 

Sería de un optimismo ilusorio pensar que, mientras engulle las porras en el bar tempranero, el lector de diarios deportivos hace una reflexión profunda de lo que hojea. Menos aún, de lo que acerca de lo escrito, revela lo no escrito. Ese sano ejercicio que llamamos leer entre líneas. Más sensato es inferir que no pasará del titular. Y de éste, sólo conservará el prejuicio: Tenemos un Cristiano pudriéndose en Valdebebas.

 

Sin que falten motivos para criticar algunas de sus actitudes en el campo –desde su célebre expulsión por una infantil agresión a Gregory del Sporting, a sus ausencias de compromiso defensivo, particularmente fuera de casa- las más aceradas críticas a Jesé vienen de sus comportamientos fuera de él. Declaraciones considerándose injustamente relegado, han merecido que Marca y As le dediquen su primera, en plena guerra de posiciones con el Real Madrid. Portadas que, quizá -quien rige su destino sabrá-, han ayudado al propósito de hacer valer al jugador, tanto como han indignado a una parte del madridismo más consciente, indisponiéndole con él.

 

No comparto esas críticas. Y no valoraré al futbolista por esas actuaciones. Es desatinado pretender que no sean asquerosamente egoístas los chavales que apuntan a superclases; que, en su fuero interno, no consideren injusto el trato del patrón, y se rebelen contra él. Más, naturalmente, si la prensa y el entorno se aplican a reforzar en ellos esa creencia. No es un comportamiento virtuoso, pero tampoco revela una personalidad patológica. Es la expresión de una íntima convicción de la que son prisioneros esa clase de chicos. A la esencia de su condición pertenece verse a sí mismos como inmensamente superiores a los rivales y a sus propios compañeros. No hay humildad que valga. Esa certeza se representa en conductas que no transmiten una imagen seductora del futuro crack, desde luego. Pero sin disponer de esa convicción profunda, pocos llegan a serlo. La prudencia es la excepción: Raphaël Varane.

 

Rememoro al Alex Crivillé novato. Aquella célebre carrera de Rijeka, con una 80 c.c., en que desobedeció las órdenes que Santi Rabasa había dado al equipo Derbi. Estuve entonces convencido de que aquel chaval de diecisiete años sería campeón del mundo. Sobre su talento como piloto, había demostrado un plus, la seguridad interior, la confianza en sí mismo, la ambición que no admitía pactos, ni reconocía más autoridad que su afán de victoria. No tardaría muchos años en ser el primer español en ganar un campeonato del mundo de la categoría reina; los míticos 500 c.c., aquellas motos salvajes contra las que se estrellaban los pilotos españoles, que nunca se habían comido una rosca.

 

Volviendo a los futbolistas, resulta complicado que, esos que tienen madera de superclase, consigan interiorizar el fútbol como juego colectivo. Un desempeño sujeto a un orden táctico; en el que la disciplina y la aplicación de las calidades individuales en beneficio del conjunto son la única fuente solvente y perdurable de la victoria. Con que asuman que tienen que pasar el balón, lo que a algún crack le ha costado años, se tiene mucho ganado. Y Jesé, con una buena relación goles/asistencias, tiene acreditado en no pocas ocasiones que lo entiende.

 

Siendo esa la naturaleza de las cosas, los clubes están en la necesidad de evitar que esa madera se descomponga simplemente en maneras. Conducir su evolución, como se conduce una planta en crecimiento. Con tutores y con poda. Sólo en casos contados, sobra la poda. Vale, entonces, con administrar la exigencia para no destruir su autoconfianza. No imponer al jugador, antes de tiempo, expectativas tan elevadas que le generen inseguridad. Si así ocurrió en el caso de Varane, no parece la prescripción aconsejable en el de Jesé, por lo que de él mismo nos llega.

 

No es cierto que Jesé haya carecido de oportunidades. Y hay que hacérselo notar. Hizo la pretemporada 2011-2012 con el primer equipo. Debutó ante Los Ángeles Galaxy. En China jugó contra el Guangzhou. Hizo su debut oficial en la Copa frente a la Ponferradina, y en Liga sustituyó para los diez minutos finales a Cristiano Ronaldo frente a la Real, en un partido tan a favor del lucimiento como indicaba su marcador de 5-1. Ya no contó en la última temporada. La prensa inquirió por las causas. Quizás el propio Jesé había escuchado antes algo parecido a la respuesta que escuchó la prensa. Álvaro Morata, otro en los veinte años, no había jugado más que Jesé la temporada anterior. En la última entró en quince partidos del primer equipo. Quizá Zidane, o incluso el mismo Florentino Pérez, con cuyo favor cuenta el delantero canario según difunde él mismo, tengan autoridad para que Jesé comprenda que las exigencias del Madrid no son las del Ajax. Y no le permiten conceder a sus jóvenes promesas muchas oportunidades. En Chamartín, las oportunidades siempre parecerán escasas. Se trata de saber aprovecharlas.

 

El marketing es una vía a la cumbre. Una forma de presión sobre los directivos, a base de hacer perder el norte a decenas de miles de consumidores de café con churros. A una cumbre engañosa, por efímera. Si arriba no hay un futbolista entero, inmediatamente después, sigue descender, o despeñarse. La convicción de valer es necesaria, aunque no sea lo que se dice imprescindible comunicarla al público. Pero, partiendo de su materia prima, para Jesé sólo son ineludibles la disposición y el esfuerzo de crecer como deportista, como especialista, y como persona. Eso es reivindicarse.

 

¿Era el primer equipo del Madrid, el paso más adecuado para ello? Desde el punto de vista de su continuidad en el juego, no parece el lugar más propicio. Pero con la decisión tomada, seremos positivos. A lo largo de una temporada completa, oportunidades no deben faltarle. Confiar en Jesé, ahora, es estar convencido de que sabrá esperar las oportunidades con paciencia, concentrado con la máxima aplicación en el entrenamiento, y que, cuando efectivamente lleguen, estará dispuesto a aprovecharlas.

 

(publicado por ZOOMNEWS, julio 2013)

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