(Publicado en «VISIÓN MADRID EMPRESARIAL 360º» editado por MADRID FORO EMPRESARIAL y DEUSTO Business School con el patrocinio de Fundación PONS, julio 2016)
Conformado por entidades públicas, o financiadas íntegramente con recursos públicos, por empresas y por entidades sin ánimo de lucro con notables relaciones de interdependencia, el sector cultural y creativo, que emplea 511 mil personas en España, con un porcentaje de asalariados muy inferior al del conjunto de la economía, es singularmente complejo y heterogéneo.
La parte de la actividad del sector que se desempeña por la empresa, lo que se denomina las industrias culturales y creativas —en adelante ICC—, está compuesta por PYMES, muchas infracapitalizadas y en su mayor parte microempresas, que coexisten con grandes empresas verticalmente integradas. Casi 110 mil empresas conforman el sector cultural en España, más de 20 mil en Madrid, de las que cuatro quintas partes están vinculadas a las fases de creación y producción. Más amplio aún es el censo empresarial de las ICC, que puede superar las 200 mil unidades. Sus bienes y servicios se ofertan a una demanda caracterizada por un elevado grado de incertidumbre, pues está sujeta a tendencias de alta variabilidad poco predecibles; y relativamente inelástica, pues el tiempo libre disponible por el consumidor final, y no sólo el precio, constituye un factor limitativo de la demanda.
La progresiva hibridación de una parte de la oferta de las ICC con la de la industria del ocio es una característica claramente observable en su evolución. No sólo porque compartan agentes en algunos segmentos de sus respectivas cadenas de valor, sino porque muchos de los bienes que ambas producen pueden atribuirse indistintamente a una u otra industria. Así pues, cada día es más difusa la frontera entre las industrias culturales y creativas y las del ocio.
Este carácter no circunstancial ha sido determinante para que, a despecho de la corrección política, que rechaza una no pretendida confusión de la cultura y el entretenimiento —al modo de la industria del entertainment norteamericano—, Madrid Foro Empresarial haya considerado la conveniencia de integrar en una única mesa de trabajo su vocación de contribuir al pleno desarrollo de las capacidades de nuestras industrias culturales, del ocio y del espectáculo para impulsar el crecimiento, el empleo y la cohesión social de Madrid. Ese conjunto agregado, que constituye el objeto de la mesa de trabajo «Cultura, Ocio y Espectáculos», explica el 8,5% del gasto en consumo final de los hogares madrileños, un punto por encima de la media nacional.
Por lo que respecta al sector cultural aisladamente considerado, su aportación al PIB español se estima en un 3,4%. Es netamente superior al 2,6% de la UE27, pero la creatividad, que es su materia prima, comporta una incidencia aún mayor, a través del impulso a la innovación, en el crecimiento del resto de los sectores económicos, que no explican las cifras de la contabilidad nacional.
El gasto en bienes y servicios directamente vinculados a la cultura representa un 2,5% del consumo final de los hogares a nivel nacional. Un 2,7% en Madrid, cuyos hogares destinan al gasto cultural más de 2.200 millones de euros anuales. El 40 por ciento de ese gasto se aplica al consumo de servicios de tratamiento de información y acceso a Internet. Ello refleja un desplazamiento del valor comercial de los productos y servicios culturales hacia el final de la cadena de valor, que apunta a una de las fuentes de problemas estructurales de la ICC, cuya atomizada composición empresarial se concentra en las fases de generación de los productos y servicios.
En los últimos años, la crisis económica ha provocado un descenso continuado del gasto cultural de los hogares, tanto en valor absoluto, que en España alcanzó su cenit en 2008 —casi 17.000 millones de euros, frente a los algo más de 12.000 millones de 2014—, como en participación relativa en el consumo, que en 2006 era del 3,2%. Las cifras de 2014 señalaron por primera vez un leve repunte.
Mientras los madrileños son los españoles que destinan a la cultura un mayor porcentaje de su consumo, su Administración autonómica es, por referencia al PIB regional, la que menos gasta en cultura (0,06% PIB) de entre todas las comunidades autónomas. Además, solo el 15% de los 115 millones de euros que contabiliza como gasto cultural se destina a inversión en capital (el 23% en el caso de la Administración del Estado). Aunque el gasto cultural de los municipios madrileños sea un 225% superior al de la Administración regional, solo destinan a inversión en capital un escuálido 7,5% del mismo. Dada la relación de interdependencia señalada al principio, estamos apuntando uno de los factores más claramente limitativos del crecimiento de las ICC en Madrid.
Son políticas poco congruentes con la estrategia de crecimiento de la UE, que subraya la idoneidad de las ICC para contribuir al éxito de «Europa 2020» como uno de los principales motores del crecimiento, por la influencia de la creatividad en los restantes sectores económicos a través de los elementos de innovación que aportan, particularmente mediante las tecnologías de la información y la comunicación (TIC).
Este libro electrónico, que está utilizando el lector, es una expresión concreta de la actual dialéctica de crecimiento de las ICC, tributaria de la fuerza transformadora de las TIC, bajo cuyo impacto subyacen todas sus contradicciones; sus amenazas y sus oportunidades. Por razón de la interactividad que facilitan las TIC, desaparecen fronteras entre creadores y consumidores, y lo que tradicionalmente han sido fuentes de información es difícil saber si, gracias a la capacidad de difusión global de los datos, no deben conceptualizarse ahora como medios en sí mismos.
El permanente «conflicto cooperativo» entre las industrias de soporte y las de contenido es el motor del crecimiento de ambas. Es territorio de oportunidad al mismo tiempo que su máximo desafío. Reduce los costes de producción y de distribución, incrementa la productividad y facilita el acceso del trabajo de los creadores a mayores audiencias y diferentes mercados. Exige, sin embargo, un esfuerzo de adaptación a cambios sustanciales en todos los segmentos de la cadena de valor. Ese coste de transición al modelo digital resulta difícil de afrontar para muchas empresas creativas. Si tradicionalmente han tenido complicado el acceso a la financiación, por la propia idiosincrasia de los creadores y la dificultad de interlocución con agentes financieros que no disponen de medios específicos para la evaluación del riesgo de la inversión en esta clase de proyectos, más difícil lo tienen para financiar el desarrollo de nuevos modelos de negocio con mucha componente experimental aún, y de resultado, por ello, doblemente incierto.
En resolver el acceso a la financiación, que constituye la principal barrera para el crecimiento de la industria creativa, tienen que poner el acento las políticas públicas. En este terreno será preciso apoyar su adquisición de competencias gerenciales y de interlocución con los agentes financieros, en cuyo logro pueden jugar un importante papel los viveros y aceleradores de empresas, y serán la clave los sistemas de garantía que se pueden dispensar por el sector público. Seguramente esta clase de soporte financiero tenga un efecto multiplicador superior al de la participación directa en la capitalización de los proyectos, pero ello no permite prescindir sin más de esta última. Al respecto, Madrid Foro Empresarial defiende el papel determinante del mercado, expresado en las preferencias del consumidor. Pero a expensas del intrincado debate sobre la neutralidad política —del qué, del cómo y del por qué algo es merecedor del patrocinio público—, no niega la necesidad de apoyar el acceso de los creadores al mercado, como garantía de la diversidad cultural.
Para Madrid Foro Empresarial la diversidad cultural es el caldo de cultivo de la creatividad y una condición del desarrollo de todo su potencial de aportación al crecimiento y a la cohesión social. Apuesta así por unas ICC imbricadas en nuestro propio ámbito regional, y por un entorno regional capaz de servir de plataforma para su desarrollo, y su posterior proyección al mercado global apoyada en nuevas formas de distribución que facilitan las TIC. Apuesta por posicionar Madrid como un polo de referencia cultural y del ocio, competitivo frente a las mejores referencias europeas. Y reconoce que las políticas públicas jugarán un papel determinante en ese propósito, siempre que empleen los recursos necesarios, y su definición sea el resultado de un proceso que integre a la sociedad civil madrileña en lugar de un ejercicio de despotismo ilustrado.