PLANES DE CAMPAÑA

Coincidí con Lorenzo Sanz antes de la ida de Copa. Compartimos el pesar de esta campaña. La perplejidad, sobre todo. Me habló de paciencia. No cambios en la plantilla. No fichajes. Confiar en que Zidane tocará las teclas que cambian el escenario. Recordamos, claro, las temporadas de la Séptima y la Octava, grabadas en la conciencia madridista. Pero, tal y como vamos, dejarnos eliminar en Copa era gastar por encima de nuestras posibilidades.

Las tertulias, las redes, rebosan de planes. Despejemos a los que no se respetan a sí mismos. Esos que anteayer protestan porque no juegan Isco y Asensio y después del Leganés porque no jugó Bale. Su posición en los medios no les diferencia de lo que se vocifera en la puerta 55. De entre los que se toman en serio, pocos explican convincentemente las causas de que el mismo equipo que destrozó dos veces al Barcelona en agosto esté a diecinueve puntos en enero. Apuntan razones, sí, con más color de intuición que de demostración. O nos falta información, o nos falta capacidad de análisis. Seamos humildes. No se receta un tratamiento sin un diagnóstico previo, más allá de que los resultados demuestren que el plan del Madrid era malo.

Dijo Napoléon Bonaparte que los buenos planes de campaña fracasan casi siempre debido a las circunstancias imprevistas, que a menudo proporcionan el éxito a los malos. De ellas debe sospechar el culé Rafa Cabeleira, en El País, cuando glosa este enésimo entierro del Madrid como la peor amenaza sobre París. El pésimo desempeño del equipo nos tiene masticando amargura. Y no duden de que a mayor compromiso con los nuestros, mayor tormento. Pero, llegados a este punto de dolor, harían mal nuestros rivales en no contarnos entre esas circunstancias imprevistas. Y menos si Cristiano Ronaldo nos cita con las victorias que nos quedan por compartir.

Publicado en MARCA, el 30 de enero de 2018

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