Que el Barcelona vaya teniendo suerte en los sorteos de la Copa de Europa tiene una ventaja innegable. Nos ahorramos soportar idiotas con teorías sobre bolas calientes. Es una conclusión dolorosa, no se vayan a creer. Significa que en los medios españoles sólo se oye hablar de amaño de un sorteo cuando el azar es benéfico para el Madrid.
La del Madrid es, de nuevo, la eliminatoria de la ronda. Ayuda, sin duda, que uno de los dos equipos sea el campeón de las dos últimas ediciones. Pero se completa con la jerarquía del desafiante. Nuestro contrario en octavos fue el equipo que más había gastado en reforzarse y mejor primera fase había hecho. Ahora, en cuartos, es el subcampeón. Que nos toque bailar con los rivales de la Final de Cardiff, antes de cumplirse un año de aquella segunda parte con la que el Madrid maravilló a Europa, no debería propiciar el engaño. La Juventus es un equipo con una sólida cultura competitiva en las eliminatorias a doble partido. Mi amigo Alberto Cosín, estudioso de la historia del fútbol, me asegura que el Madrid, que le ha ganado dos finales, sólo en dos ocasiones le ganó una eliminatoria. La más próxima de ellas, todavía Paco Buyo defendía la portería del Madrid. Cuando la otra, estaba yo haciendo la comunión. Hace tres temporadas el Madrid también defendía el título cuando nos eliminaron en semifinales. Acaban de reivindicar su talento competitivo dando la vuelta en cinco minutos a una eliminatoria que se escapaba, y a partir de ahí, mandar parar. Se llama saber competir. A la Juve le saben a poco los Scudettos que colecciona: la Liga de Campeones es su obsesión. Con todo esto, sólo de una cosa podemos estar seguros: En el orden de preferencias de los juventinos, el Madrid ocupaba el séptimo lugar.
Publicado en MARCA el 17 de marzo de 2018