LOS SEPULCROS BLANQUEADOS DE LA VIOLENCIA

Desgraciadamente la violencia se ha cobrado otra vida en los aledaños de un campo de fútbol. La vida, la muerte, pende de un azar. Las condiciones para que se cause están dadas, porque la violencia está instalada en las gradas. Amparada en la ceguera, cuando no el encubrimiento, de los medios de comunicación, y en la complicidad de unos clubes que prefieren que la sociedad pague el precio de la violencia para que ellos no tengan que asumir el coste de sanear su propia podredumbre social. Y la sociedad, es decir todos, pagamos el precio cada semana. Millones de euros de recursos públicos se gastan todos los años en proteger de los violentos a las gentes de buena fe que van a disfrutar del fútbol. Y no bastan para evitar que, de vez en cuando, por uno u otro azar, los violentos nos roben una vida. La de uno de esos servidores públicos que nos protegen, en este caso. 

Hemos vivido esta situación tantas veces que sabemos qué ocurrirá. Es la hora de los sepulcros blanqueados. Durante unos días los medios, que desde el último muerto han ignorado la violencia existente, serán el vehículo del horror. Harán severas protestas de la necesidad de acabar con los violentos, y publicarán terminantes declaraciones de Tebas, apuntándose unos tantos ante la habitual incomparecencia de la corrompida Federación. Una y otra vez escucharemos que ¡algo habrá que hacer!, la frase que siempre antecede a alguna genuina gilipollez. Y finito. Agotado el tiempo de la hipocresía, poco tardarán en pasar a la página que lleva a la siguiente crisis del Madrid.

No podemos responsabilizar a la prensa deportiva de que en nuestro país se continúe subvencionado la violencia, porque no tenemos derecho a exigir a los medios que investiguen las relaciones entre los clubes y los grupos que la promueven. No tenemos derecho a exigir que nos informen de quiénes gobiernan los núcleos de animación que sirven de banderín de enganche a los adolescentes para llevarles a la violencia, ni al servicio de qué orientación política, ni a qué se dedica esa gente, ni cómo se ganan la vida, ni cuáles son sus conexiones con el club que les da albergue en su grada a precios más económicos que los del resto del estadio. No tenemos derecho a exigir a los medios de comunicación que mantengan líneas editoriales contrarias a la ocupación por grupos violentos de las gradas de animación, y más allá de la retórica, políticas informativas coherentes con esas líneas editoriales. ¡Sólo faltaría que las libertades de expresión e información se sujetaran a la finalidad de construir una opinión pública informada, que es la única opinión pública libre! Aunque sea esa, vaya por Dios, la justificación de su protección constitucional. Sería fantástico que los directivos de los clubes se sintieran presionados por un clima de opinión contrario a la pervivencia en las gradas de cualquier grupo que alimente la violencia y el odio, aunque sea verbalmente. Pero como no podemos exigir a la prensa que haga la función que nuestra Constitución esperaba de ella, exijámosle, al menos, que no interprete el papel del Mister Wolfe de Tarantino.

Exijamos que cumpla los mínimos que marcan la frontera de la responsabilidad social. La de no hacer apología de un grupo violento cuando llegue el próximo derbi. Exijámosle que cumpla los mínimos que marcan la frontera de la decencia. La de no difamar al único proyecto que, a base de coraje y entusiasmo, ha conseguido mejorar notablemente el ambiente de un estadio, expulsando a un grupo violento de ideología neonazi dirigido por sujetos encausados por distintas actividades delictivas, y creando una grada abierta a la gente normal, integrada por socios y peñistas de todas las edades. Un límite que rebasó hace muchos años la Ouija Today, pero también El Confidencial, convertidos en portavoces de Ultras Sur desde los primeros días de la Grada Fans. Lo que demuestra que hay medios de comunicación a los que la violencia les importa mucho menos que su agenda política. Lo mismo, pues, que a los clubes que la alimentan.

Colaboración en el Portanálisis de LA GALERNA del día 23 de febrero de 2018. 

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