Pondría cualquier negocio en manos de Kollins. Su tránsito por la jefatura de redacción de LA GALERNA ha revelado a un gerente competente y eficaz, que construye sus decisiones de modo racional, ordenadas a un plan, sobre un cimiento de información elaborada —fortalezas y debilidades de cada colaborador, por ejemplo—, para dejar el mínimo espacio a la acción inevitable del azar, y poder plantear cada partida, en vez de como un tahúr, como un ajedrecista que juega las aperturas de memoria. Consecuencia de ello, y de mucho y mucho trabajo bien ejecutado, LA GALERNA ha recibido un impulso de calidad notable de este redactor jefe, y está condenada a notar su marcha. Él dirá, probablemente, que la iba a notar de todas formas, en razón de su propia saturación. La imaginación, en fin, suele llevarse sólo regular con la constancia, y este puede ser el caso. No quisiera que suene a reproche, aunque lo sea. Una parte decisiva de la aportación de Kollins estriba en sus dotes de relación. Con ellas ha enriquecido, casi siempre, tanto el objeto como los puntos de vista, o sea las formas de mirar, de LA GALERNA. Para mi, esa aptitud bebe en la fuente de un temperamento tolerante, y se vuelve actitud en el ejercicio de una profunda convicción democrática, liberal en el mejor sentido de la palabra, enraizada en los despreciados valores de la Transición, lo que no dejaré de significar —y menos, viviendo Kollins donde vive— en plena efervescencia del cainismo.
Y termino, coño. Como este sitio va de fútbol, afirmo que nadie puede discutir seriamente la facilidad de Kollins para interpretar las facetas técnicas y tácticas del juego. He tenido el privilegio de disfrutar incontables momentos aprendiendo de él, o intentándolo al menos. Un humilde whatsapp de Kollins, desnudo de cualquier pedantería, analiza con mucha más solvencia conceptual una temporada entera que el discurso engolado de la mayoría de nuestros insufribles analistas internacionales calvos. Para mi gusto, sin embargo, su estilo de análisis adolece, con frecuencia demasiada, de falta de respeto al elemento espiritual. Y sin embargo, ese intangible, imposible de pintar sobre una pizarra, y menos sobre una de esas electrónicas de cien pulgadas que gastan los pitagorines en su púlpito mediático, ha ganado más batallas que Bonaparte, y más campeonatos que Gento. Me choca, siempre se lo he dicho, ese desrespeito en un apasionado, y Kollins lo es, por lo que sé de sobra que, más pronto que tarde, ha de llegar el día en que se avendrá a reconocer, por fin, que el álgebra —¡qué maravilla de palabra de nuestro legado árabe!— es, esencialmente, un compromiso entre el cálculo y la poesía.
Publicado en LA GALERNA
Homenaje colectivo a Javier Alberdi