Ultras sur, Casillas, Pilar y una señora del lugar.

Como recientemente soy ultrasur, según difunden en Twitter, desde sus cuentas troll, mal disimulados becarios —tontos hasta para el disimulo— de la Prensa del Régimen, me atreveré a mencionar el tema de moda. Al spam, por cierto, le aplico mi propia Lista Robinson. No esforzaos, meritorios aspirantes a roer huesos del “chistu”. O esforzaos, más. O haced lo que os venga en gana, mejor dicho.

Animación de Ultras Sur en el Bernabéu

Una buena amiga, abogada competente y de merecido prestigio profesional, cuando era más joven aun, se colocaba su chupa de cuero, su bufanda negra, y se iba con los Ultras Sur. Dada la naturaleza del delito, evitaré citarla incluso por las iniciales. Así hacían antiguamente los diarios, cuando todavía nuestro periodismo no había dinamitado la reserva debida a la presunción de inocencia, y era más importante no destrozar la vida de un presunto inocente que llegar el primero al titular.

 

Hoy, para qué, si se ha cerrado el argumento circular: todo lo que se publica es de relevante interés público, por el hecho mismo de que se publica. Desde los sumarios secretos, interesadamente filtrados a la prensa, llegan a las portadas no sólo el nombre y los apellidos, sino cualquier extremo de la vida de los particulares. El periodista, convertido en sí mismo en el fiel de la balanza que señala cuándo el honor y la intimidad de un ciudadano deben sacrificarse al bien común de la convivencia democrática, se beneficia en su irresponsabilidad de una temeraria -más justo sería decir temerosa- doctrina jurisprudencial, que hará revolverse en su tumba a Alonso Martínez. Pero yo no he venido aquí a hablar de lo mío, sino de fútbol. Así pues, ironía off.

 

El pecado de adolescencia de mi amiga es que le gustaba animar al equipo. Vivía el fútbol con pasión. Hoy con marido, hijos y todo eso, y bastante inclinada al centro izquierda en sus opiniones políticas, ha apagado sus pasiones. Calienta un asiento en la grada del Fondo Norte. Un lugar apacible, digamos. Allí se puede ver el fútbol con la mitad del ruido que monta la pareja Martínez&Robinson, en la más vulgar de las jugadas de Messi.

 

En semejante asilo, para que el lector comprenda, el día del Galatasaray conocí a una amable señora con la que tuve que acabar apostando sobre quién de ambos había pisado más palacios de la ópera. ¡Hundido uno de cuatro! El único Real que conocía era el Madrid. Como mi ‘¡Hala Madrid!’ exacerbaba su carácter protestón, le sugerí caritativamente que en la segunda parte se fuera a lo suyo. Al único lugar donde el susurro está prohibido, para no distraer al vecino sobre el transcurso de la bola: El 7, Cristiano. Han cantado línea. Comprobamos. Línea correcta. Continuamos para bingo.

 

Con mi amiga ultrasur, insignia de plata del Madrid, ya sólo hablo de recursos contencioso-administrativos. Y echo de menos nuestras conversaciones madridistas, la verdad. Pero pasó ‘lo’ de Casillas.

 

‘Lo’, para mí, era que un entrenador, cuya competencia está globalmente reconocida, relegó a la suplencia a un portero, que llevaba una temporada fatal, atendiendo a su desplomada ratio disparos/paradas. Para exigirle o para castigarle. O para las dos. Siempre nos quedará esa duda, que nunca tuvieron, y con su ruido mediático nos impidieron resolver, los de las verdades escritas sobre el firmamento. Luego se lesionó. Vino otro portero, y resulta que paraba bien a juicio del entrenador. Esto es información, no opinión. Sonrisa tuerta.

 

‘Lo’, para ella, era que el Portero, por antonomasia, cuya excelencia está globalmente reconocida, y, digamos, el hombre con el que hubiera querido casar a sus hijas, había sido víctima de una humillación intolerable, por un portugués soberbio y petulante, bajo cuya tiranía, era cierto, el Madrid había vuelto a la cima, pero que se apropiaba de lo que ganaban sus jugadores en el campo, y no respetaba el sagrado valor de la veteranía y los servicios prestados a la institución. Eso es opinión, no información. Por aclararnos.

 

Como era imposible poner de acuerdo a dos juristas sobre lo que, en los términos propios de nuestro oficio, sería algo así como la existencia de un régimen de plaza en propiedad en un ministerio llamado Real Madrid, y el guerracivilismo, sembrado a diario desde los medios, cada vez enconaba más las discusiones, tácitamente decidimos seguir siendo amigos. El fútbol y el Madrid fueron desapareciendo de nuestras conversaciones, ahora sólo pobladas de tediosas elucubraciones sobre el ejercicio de las potestades administrativas.

 

Bajo la égida de Ancelotti, creí poder recuperar aquella entretenida relación. Pero, como decía mi padre, poco dura la alegría en casa del pobre. El bueno de Carletto, un entrenador que prometía lo mejor para el futuro de las añoradas charlas, no tuvo mejor idea que fiarse de V.V., que vino con Dida y Buffón en su curriculum vitae de preparador de porteros, lo que hacía poco discutible su criterio.

Saint Louis, MO August 1 2013
Real Madrid goalkeeping coach William Vecchi talks with the goalkeepers.

Y Villiam Vecchi decidió que la paz no durara un día entre nosotros. Sin reparar en las funestas consecuencias para nuestra relación, en el primer partido de Liga colocó a Diego López bajo los palos –y fuera de ellos-, y volvió el victimismo a apoderarse del ambiente. Donde esté una buena nulidad de pleno derecho, que se quite un si Casillas se va o se queda. Menudo tostón, con las huestes de Paco García Caridad desatadas, aburriendo hasta al mecánico del Rabobank, con preguntas forzadas sobre el portero suplente del portero suplente de la Copa de Europa.

Así que he perdido mi referencia más simpática de Ultras Sur. He hablado con otros, en ejercicio. Y allí, que no me crean los que no quieran creerme, hay “de todo”. Un porcentaje significativo es gente que gusta ver el fútbol de aquella manera suya. No me gustan algunos de los cánticos del colectivo. No comparto que llamen terroristas a los periodistas, por la misma razón que no me gusta que los periodistas llamen terroristas a los de Twitter. Y no pocos periodistas lo han hecho, aunque la mayoría de la población lo ignore. O que Brotons compare cuatro voces a Meana con las checas de la Guerra civil. Por la misma razón, pero con más motivo. Y además, porque estoy contra el terrorismo, y me parece una forma de banalizarlo.

Pegatina de Ultras Sur

También estoy contra que se tome cualquier parte de nuestro Estadio, que debe ser de todos los madridistas, cualquiera sea su opinión política o religiosa, para lanzar consignas de carácter partidista. Lo mismo que me ofende que el Arzobispo de Madrid-Alcalá ande metido en las celebraciones de los triunfos de mi equipo, por cierto. Y se haga peregrinar a la Catedral a jugadores de otras culturas, religiones y creencias. Me tengo por un demócrata bien constituido, y he estado contra el fascismo, en cualquier actividad de mi vida. Desde la remota adolescencia. Estoy contra la pena de muerte, y no quiero que en nuestra casa se grite eso de ‘euskal presoak, cámara de gas’. Estoy contra la violencia. Incluso la verbal.

 

Respecto a algunos cánticos de carácter aproximadamente deportivo, pertenezco a una generación vieja, y demasiado orgullosa. Los de esa generación consideramos ofensivo para el Madrid que en un partido contra el Cádiz se recuerde, siquiera, que existe el F.C. Barcelona. Y en mi cultura madridista, el nacionalismo hace más pequeño al Madrid. Si alguien levanta una bandera de España, ¿por qué no la de Portugal, Francia, Gales, Argentina, Alemania o Brasil? ¿Por qué hacer de menos la blanca del Madrid, el Club con más vocación universal? Allá ellos con sus senyeras y esteladas; lo nuestro es el fútbol.

 

Hasta aquí, el inventario de mis discrepancias. En algunas conversaciones, algunos han escuchado, sin compartirla, mi opinión sobre una simbología que me parece más que demodée. Y nadie me partió la cara. Desearía que Ultras Sur hubiera evolucionado hace mucho tiempo hacia otro tipo de animación. Ignoro si era posible, porque ignoro muchas cosas de ellos. Pero de lo que no ignoro, sé que el público del Estadio, con su silencio mortecino, ha ayudado poco.

 

Y la crisis final. Partera de algo distinto, seguro. Pero ¿algo con lo que me pueda identificar? Anhelo la transformación de Ultras Sur. Deseo que sus gentes perciban la oportunidad de encaminarse a la normalidad, sin perder ese carácter de soporte fundamental de la animación del Estadio. Desde fuera, tomar la parte por el todo es una forma de equivocarse en el análisis de la realidad. Confío que quien caiga en esa tentación, no equivoque a los demás. Sobre todo, a los que son la clave de la solución. La actuación del Club es el factor determinante, y entiendo que está actuando como procede. Protegiendo el Estadio, y ofreciendo salidas en esta tesitura. Tomándose en serio la cuestión enquistada de la animación. Y los madridistas deberíamos ayudarle a conseguirlo.

 

(Publicado en ZOOM NEWS el 5 de diciembre de 2013)

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