Contra las fechas FIFA

Quizá Blatter no dijera muchas verdades en su vida, pero su alegría era sincera el 15 de enero de 2008. Presentaba el protocolo de intenciones FIFA/UEFA/G-14: «Las células básicas de nuestro juego —dijo—, fundamentales para su prosperidad, son ahora parte de la organización piramidal del fútbol». Acababa de neutralizar la mayor amenaza que el monopolio de la FIFA había padecido nunca. 

El portavoz de los clubes también parecía encantado con aquel acuerdo que disolvió el G-14 en la Asociación de Clubes Europeos (ECA). Lo celebró como «una victoria del fútbol en su conjunto» porque «la amistad y la confianza son la base de nuestro juego». Aunque esa milonga huela a podrido, no negaría yo a Joan Laporta la autoridad en materia de confianza, dada la cantidad de confianza que supo defraudar en las presidenciales a la Federación de 2004.

De aquellos polvos, estos lodos. Los negocios de FIFA y sus asociaciones nacionales no pretenden ser simbióticos. Parasitan a los clubes y no dudan en deteriorar sus competiciones. El formato del fútbol de selecciones es insostenible para los grandes clubes, pero aquél lejano cambio en la correlación de fuerzas les impide hacerle frente. Si el protocolo de 2012  (las nueve fechas dobles) limitó la discrecionalidad de la FIFA, también demostró con qué poco se conforman los clubes. ¿Acaso son razonables las dos suspensiones (de una semana cada una) que las competiciones de clubes han sufrido en el mes y medio transcurrido desde su inicio? Si los clubes tuvieran fuerza impondrían la alternativa racional: un calendario sin ventanas.

Mitigaría incluso el problema de las lesiones. El seguro confunde al público, pero no compensa el riesgo de deterioro de los activos que las selecciones requisan a los clubes: Paga el sueldo del jugador a partir del vigésimo octavo día de baja hasta un año como máximo. Su límite 7,5 millones. Una broma. Pero, sobre todo, es inútil para indemnizar el daño más letal que padecen los clubes: la pérdida de competitividad en plena competición por la lesión de su estrella expropiada.

(Publicado en MARCA el 13 de octubre de 2017) 

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