Donde se glosa la cultura del Madrid a través de Bernabéu.
1.- Bernabéu, presidente de un «equipo de segunda»
Quien confunde la auténtica historia del Madrid con «las vidas de los santos» ni siquiera advertirá esas encrucijadas. Para el observador aplicado, que relaciona los hechos del club con el contexto socio-económico en que se producen, son los grandes hitos de su recorrido histórico. Resaltan patentes. Las direcciones que en ellas se adoptaron explican que el Madrid llegara a ser el club más laureado del mundo.
Dado que esta «afición» de hoy —tan «exigente»— no lo tiene presente, es preciso recordar que, repetidamente a lo largo de su historia, el Madrid vivió largos periodos sin conseguir títulos. Y sobrevivió a todos ellos. La propia presidencia de Santiago Bernabéu es paradigmática en este aspecto.
«¿Para qué, si no hay equipo?», rememoraba Bernabéu en 1974 ante Julián García Candau cómo le habían criticado treinta años antes la decisión de construir el estadio. «El mejor campo de Europa y en Segunda División», contaba al periodista el viejo presidente que la temporada de la inauguración del estadio le echaban en cara «porque el penúltimo partido lo perdimos con el Sporting de Gijón, por habilidad o suerte de su delantero Pío. El último lo ganamos en Sevilla y se dijo que habíamos comprado al árbitro». Derrotado en 12 de los 26 partidos disputados, el Madrid terminó la liga un punto por debajo del Alcoyano. De haber perdido además el último partido frente al Sevilla, habría descendido a segunda división.
Así pues, durante los primeros once años de la presidencia de Bernabéu el Madrid no sólo fue incapaz de ganar la Liga sino que en dos ocasiones estuvo al borde del precipicio de la segunda división. Y sin embargo, su afición no dejó de crecer. Ese solo dato demuestra que un club es mucho más que sus triunfos deportivos. Incluso en el caso extremo que representa nuestro club: Dueño del mejor palmarés y una de las instituciones deportivas más odiadas. Ambos méritos conseguidos porque transitó esos largos periodos sin triunfos preparando la conquista de la hegemonía en lugar de perder la cabeza por lo que había sido. Por esa razón llegó a ser, paradójicamente, el club de fútbol más admirado del mundo.
2.- Bernabéu, presidente del «equipo más antipático»
Me he resistido a poner notas a pie de texto, lo que me obliga ahora a hacer un paréntesis relacionado con mi anterior afirmación. Revela el profesor Bahamonde que en 1951 el Instituto de la Opinión Pública —antecesor del Centro de Investigaciones Sociológicas— realizó su primera encuesta sobre el fútbol. En ella, el Madrid resultó ser el equipo más antipático.
Sirva este inciso para demostrar hasta qué punto la actitud de una parte del madridismo está condicionada por el oportunismo de ciertos periodistas deportivos. Los «todólogos» de las tertulias no dudan en inventar una realidad paralela, sin ningún dato que la valide, para usarla como argumento de sus campañas. Según ellos y los que les siguen —como la Asociación Valores del Madridismo, presidida por el compromisario Carlos Mendoza— el «florentinismo» es la causa de la antipatía que despierta el Madrid. Florentino Pérez tenía cuatro años de edad en la fecha en que se produce la primera constatación científica de que el Madrid era el equipo más antipático de España. Santiago Bernabéu llevaba ocho años en la presidencia del club.
La realidad es, por lo tanto, ajena a la simpleza argumental del maniqueísmo radiofónico. Como observa con acierto el profesor Bahamonde: «Ese equipo de España se convirtió desde entonces en una de las empresas más importantes del país, con una imagen polémica que contrastaba vivamente con la concepción de sí mismo». El Madrid era, desde tiempos de la República, «el equipo de la ciudad de Madrid». El origen de la antipatía es, según el análisis del catedrático de Historia Contemporánea, una cuestión compleja que tiene mucho más que ver con «los procesos de identificación» del equipo con una ciudad, Madrid, percibida desde la periferia como «un ente parasitario». Para ilustrar esa complejidad de la cuestión, dejo constancia de que la misma encuesta del IOP de 1951 situaba al Madrid como el segundo equipo más admirado, a pesar de no haber ganado un campeonato desde hacía dieciocho años.
Todo lo anterior, y con esto pongo fin a la digresión, ratifica la trascendencia, para liberarnos de esos «absurdos complejos» a que me he referido en la entrega anterior, de recuperar con rigor académico la memoria del Madrid. Para limitar nuestra libertad de acción, nuestros enemigos no tienen complejos, sin embargo, a la hora de inventar fantasías. Aunque sean tan extravagantes y ahistóricas como situar el brote de la antipatía en el siglo XXI, o tan ahistóricas y soeces como alegar que era el equipo del franquismo para explicar los triunfos del Madrid.