Vimos a Antonio Blanco y Miguel Gutiérrez ganar la Copa de Europa de Jóvenes y nos gustaron más que la mayoría. Viéndoles, ahora, por exigencias de la enfermería, defender el título con los mayores, solo nos dan buenas noticias.
Me gana su madurez. Es denominador común. Jugar como está en tu natural, y en la razón de tu presencia. Cero extravagancias. Ninguna concesión a la galería. Juego sencillo, directo y seguro. Sincero. De aportación colectiva: usar tus habilidades, y esconder tus debilidades. Las debilidades, digo, no uno mismo, debilidad que muestran otros, al hurtarse cuando pintan bastos. Estos no se han escondido jamás. Han estado siempre ahí. Acechando al contrario, para cegarle los caminos. Arriesgando siempre con medida. En la cobertura, el corte, el desborde o el centro, de acuerdo cada uno con su función.
Con su genio de las mejores tardes de twitter, Ángel del Riego, @la_meseta_uber, nos dijo de Antonio Blanco que «es lo que debería ser la política. Algo invisible, limpio, justo y que garantice la libertad de los otros». Los otros, sus compañeros, cracks consagrados, algunos en la recta final de gloriosas carreras, con más medallas en el pecho que un almirante chino, campeones veces sin cuento del título más importante del mundo, al que la inmensa mayoría de los futbolistas jamás llega a acercarse, una sola vez, a lo largo de las suyas.
El que sepa ver, ya ha visto mucho. Y sabe, justo por lo visto, que intentarán pudrirles la prensa y sus agentes. ¡Cuántos hemos visto pudrirse, por la inflación de sus expectativas! ¿Cuántos maldecir, en vez de bendecir, la fortuna de estar en el lugar correcto, aunque hubieran de esperar el momento preciso? Espero, en cambio, que un día lejano, dentro de diez o quince años, las carreras de estos dos chavales parezcan las de aquellos a los que, de modo accidental, echaron una mano en un apuro. Si no, acabarán siendo felices, desde luego. En el Valencia o en el Arsenal, que es otra forma de serlo.
Publicado en LA GALERNA, el 3 de mayo de 2021