{"id":421,"date":"2017-10-30T15:30:35","date_gmt":"2017-10-30T15:30:35","guid":{"rendered":"http:\/\/manuelmatamoros.es\/?p=421"},"modified":"2017-10-30T15:33:47","modified_gmt":"2017-10-30T15:33:47","slug":"lisboa-el-atleti-y-yo-entre-la-ilusion-y-la-pereza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/manuelmatamoros.es\/?p=421","title":{"rendered":"Lisboa, el Atleti y yo (entre la ilusi\u00f3n y la pereza) 02.05.14"},"content":{"rendered":"<p>En el Terreiro do Pa\u00e7o, el capit\u00e1n de caballer\u00eda <strong>Salgueiro Maia<\/strong> sali\u00f3 de entre sus hombres. Armado de una granada, avanz\u00f3 sin escolta hacia el tanque que defend\u00eda el Ministerio del Ej\u00e9rcito. Tras breve parlamento, un coronel dio orden de abrir fuego contra \u00e9l. El tirador que le apuntaba, baj\u00f3 el arma. Los defensores se unieron a los asaltantes. Poco despu\u00e9s, Maia convenc\u00eda a <strong>Marcelo Caetano<\/strong> de la oportunidad de mudarse a Brasil, v\u00eda Espa\u00f1a, poniendo fin a la decana de las dos dictaduras ib\u00e9ricas.<\/p>\n<figure id=\"attachment_422\" aria-describedby=\"caption-attachment-422\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-422 size-medium\" src=\"http:\/\/manuelmatamoros.es\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/Salgueiro-Maia-300x227.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"227\" srcset=\"https:\/\/manuelmatamoros.es\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/Salgueiro-Maia-300x227.jpg 300w, https:\/\/manuelmatamoros.es\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/Salgueiro-Maia.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-422\" class=\"wp-caption-text\">El capit\u00e1n Salgueiro Maia. H\u00e9roe de la Revoluci\u00f3n portuguesa.<\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En las bocas de los fusiles de asalto de las tropas, los paisanos prendieron claveles. Rojos y blancos. Ocurre que as\u00ed son los claveles que venden las floristas, y los lisboetas hab\u00edan cogido las flores de abril en un puesto cercano. Para celebrar la Libertad, no la victoria del Atleti, la noche anterior, frente al Celtic de Glasgow. De hecho, cada clavel es un sujeto: es rojo, benfiquista, o blanco, madridista.<!--more--><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Entonces no conoc\u00eda Lisboa. Quiero pensar que no participaba del ignorante desprecio por lo portugu\u00e9s, tan com\u00fan en Espa\u00f1a, pero tampoco puedo asegurarlo. No podr\u00eda conocerla, en cualquier caso, porque la Social me hab\u00eda retirado el pasaporte. Recuerdo bien, a\u00f1os despu\u00e9s, la primera vez que la mir\u00e9 a los ojos y me enamor\u00e9 de Lisboa para siempre. Sucedi\u00f3 la madrugada siguiente de haber visto en Madrid una pel\u00edcula enigm\u00e1tica de <strong>Alain Tanner, <\/strong>que protagonizaban<strong> Bruno Ganz <\/strong>y<strong> Teresa Madruga<\/strong>. Conduc\u00eda un Seat Supermirafiori, y entonces no hab\u00eda autopistas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En cuanto al Atleti, seguro que no prest\u00e9 demasiada atenci\u00f3n a aquella semifinal. Como el doctor Caetano, andaba yo ocupado en gestionar mi propia mudanza. M\u00e1s corta y llevadera: de la prisi\u00f3n de Carabanchel, a la Plaza del Per\u00fa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Era un chaval sin miedo. Pero unos d\u00edas despu\u00e9s, por San Isidro, lo pas\u00e9. En la Copa de Europa, y nac\u00ed con ella, s\u00f3lo esa vez he sentido pavor. Estaba a punto de concluir la pr\u00f3rroga de la final, entre dos equipos que nunca la hab\u00edan ganado. En un libre directo, <strong>Luis<\/strong> envi\u00f3 el bal\u00f3n al fondo de las mallas del Bayern M\u00fanich. A punto de verificarse, no ten\u00eda consuelo para m\u00ed la amenaza de que los rojiblancos fueran campeones de Europa, y con su uniforme de subalterno del Circo Americano, profanaran el Olimpo para mirarnos de frente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En ese momento amargo, dial\u00e9cticamente unidos por un bal\u00f3n marca ACME, <strong>Schwazenberg<\/strong> y <strong>Reina<\/strong> se adue\u00f1aron de la escena en los papeles de Correcaminos y Coyote. El resto de la historia es conocido. El p\u00e1nico se hizo j\u00fabilo, y fueron cayendo los a\u00f1os, los hijos y los nietos, y hasta tres veces se hizo preciso ampliar nuestra mejor vitrina, sin m\u00e1s noticias del segundo equipo de Madrid.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Quer\u00eda esta final. Qued\u00f3 cerrado el cuadro de semifinalistas, y la dese\u00e9 con el alma. Como madridista de la vieja guardia; de los que podemos recitar de memoria: <strong>Madinabeytia; Rivilla, Griffa, Calleja; Jayo, Glar\u00eda; Ufarte, Luis, Mendon\u00e7a, Adelardo y Collar<\/strong>. De los que nunca recordaremos si en aquellos tiempos era un tal <strong>Pesudo<\/strong> o un tal <strong>Sadurn\u00ed<\/strong>, el portero titular de un tal Barcelona.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A la naturaleza de la temporada que est\u00e1n haciendo los muchachos del <strong>Cholo<\/strong>, se une que la suerte les asiste. Ya se me dir\u00e1 la frecuencia estad\u00edstica de que se lesione el portero del contrario a los veinte minutos de una semifinal. A mi memoria s\u00f3lo acuden tiempos tan remotos que ni siquiera era posible sustituir al guardameta roto. Le ocurri\u00f3 a <strong>Betancort<\/strong>, en el de ida contra el Inter, vigente campe\u00f3n al que no servir\u00eda de mucho la lesi\u00f3n de nuestro titular, en la edici\u00f3n que finaliz\u00f3 con la sexta Copa de Europa del Madrid.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>As\u00ed las cosas, intu\u00eda que se cruzaban con nosotros o estar\u00edan en la Final. En el mismo instante en que <strong>Figo<\/strong> despleg\u00f3 la papeleta del Bayern M\u00fanich, pens\u00e9 que <em>blues<\/em> de <strong>Mou<\/strong> era un giro polis\u00e9mico. Hemos hecho cinco goles a los de <strong>Guardiola<\/strong>, tanto para ganar la D\u00e9cima, como para no delegar en los b\u00e1varos, por segunda vez, la responsabilidad de impedir que el partido m\u00e1s importante se convierta en la peor pesadilla de los madridistas viejos.<\/p>\n<p>Cuando por fin se hace realidad el pron\u00f3stico, me asalta el tedio. <strong>En Espa\u00f1a no hay para\u00edso<\/strong>. Nos atacar\u00e1 el casticismo m\u00e1s casposo. Saldr\u00e1 a relucir el pelo de la dehesa period\u00edstica. No tendr\u00e1n piedad. Embrutecer\u00e1n al personal los vulgares duetos de <strong>Manolete<\/strong> y <strong>Roncero<\/strong>, reduciendo a lo m\u00e1s cutre la esencia de un episodio \u00e9pico.<\/p>\n<p>A\u00fan nos separan de la final veinticuatro jornadas medi\u00e1ticas de demag\u00f3gica contraposici\u00f3n de modelos (no se hablar\u00e1 del de no deber nada a Hacienda y la Seguridad Social), que habr\u00e1 que ir tachando en la pared, como un condenado al presidio de la superficialidad vestida de pedanter\u00eda y la obscenidad intelectual disfrazada de frentepopulismo.<\/p>\n<p>Veinticuatro largos d\u00edas de enaltecimiento de la entrega, el af\u00e1n, el compromiso, como si fueran monopolio de ellos o nuestros chicos hubieran goleado al campe\u00f3n de Europa jugando displicentemente. Cerraremos los ojos, no prestaremos o\u00eddos, y desearemos que el transcurso de los d\u00edas nos libere de ese tormento lo m\u00e1s r\u00e1pido posible.<\/p>\n<p>Quedar\u00e1, para el pen\u00faltimo momento, el paso de sus catec\u00famenos por la reposada ciudad. Ya escucho el apagado murmullo de sus caf\u00e9s, convertido en alboroto y vocer\u00edo, las quejas de que todo est\u00e1 viejo y descuidado, mientras los impolutos lavamanos y servicios de sus m\u00e1s humildes casas de comida, se tornan sucios y hediondos. \u00bfRobar\u00e9 a la Final esa parte de su magia? \u00bfMe la robar\u00e1n ellos a m\u00ed? \u00bfIr\u00e9 directo al Estadio? Me da pereza decidir. Apago la raz\u00f3n, para volver al punto en que me gusta disfrutarla.<\/p>\n<p>Al decidir que el \u00faltimo ataque del Madrid a la sobrecogedora verticalidad del muro de la D\u00e9cima se d\u00e9 en la ciudad que mejor disfruto, frente al rival que peor sufro, evocando sabores agridulces, cuidadosamente elegidos en rec\u00f3nditos lugares de mi infancia, el destino ha querido tentarme con el para\u00edso. Ser\u00e1 una contienda de pron\u00f3stico incierto, como todas, pero envuelta en la singular atm\u00f3sfera de luz transparente que acaricia cada rinc\u00f3n, cada canto, el <em>beco<\/em> m\u00e1s \u00edntimo de Lisboa. La Ciudad Blanca.<\/p>\n<p><span style=\"color: #0000ff;\"><em>(Publicado en ZOOM NEWS, el 2 de mayo de 2014)<\/em><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el Terreiro do Pa\u00e7o, el capit\u00e1n de caballer\u00eda Salgueiro Maia sali\u00f3 de entre sus hombres. 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