{"id":419,"date":"2017-10-30T15:12:26","date_gmt":"2017-10-30T15:12:26","guid":{"rendered":"http:\/\/manuelmatamoros.es\/?p=419"},"modified":"2017-10-30T16:20:45","modified_gmt":"2017-10-30T16:20:45","slug":"el-somaten-y-la-consigna-de-las-estaciones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/manuelmatamoros.es\/?p=419","title":{"rendered":"El somat\u00e9n y la consigna de las estaciones 20.01.14"},"content":{"rendered":"<p>Si no tocaba pernoctar en la ciudad de paso, uno, que en sus a\u00f1os de estudiante viajaba libros por Espa\u00f1a, sol\u00eda confiar la maleta a la consigna, para recuperarla a la hora de subir al correo, o al expreso. Pero de buenas a primeras, viajantes y viajeros se vieron privados de las consignas de las estaciones. Y bendito el trolley, porque sin consignas iban a continuar las estaciones muchos a\u00f1os.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>\u00bfQui\u00e9n nos arrebat\u00f3 las consignas?<\/strong> No se me ocurri\u00f3 culpar al Ministerio de Interior, que probablemente orden\u00f3 clausurarlas. Culp\u00e9 a los delincuentes que percibieron su utilidad para aterrorizar a la poblaci\u00f3n, colocando bombas en su interior. A los siniestros avisos, que obligaban a desalojar las estaciones, para dejar a los artificieros jugarse la vida desactivando un artefacto. Al somat\u00e9n de la patria vasca.<!--more--><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ahora es de vanguardia odiar el f\u00fatbol moderno. Y ponderando la autenticidad del f\u00fatbol de antes, pronto acuden, desde alg\u00fan desv\u00e1n de la memoria, el color gabardina de las enormes gradas de pie; el olor a faria; el sabor, y el calor, del brandy, servido en dedales de pl\u00e1stico por un paisano ataviado con una chaquetilla blanca, que se deslizaba por el atiborrado grader\u00edo, abriendo un sendero inveros\u00edmil entre la masa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pero, tambi\u00e9n de buenas a primeras, con el de la chaquetilla se esfumaron su Veterano, o su Fundador, o su Centenario Terry. Y nos sentaron, expulsando de los campos de f\u00fatbol a buen n\u00famero de aficionados, por pura reducci\u00f3n del aforo, y castigando a las clases populares con el incremento del precio de la localidad que, so pretexto del asiento, compensar\u00eda la reducci\u00f3n de entradas en taquilla. Y en ese hito sit\u00fao precisamente el inicio de la agon\u00eda del f\u00fatbol cl\u00e1sico. \u00bfQui\u00e9n tuvo la culpa? La respuesta, en dos escenas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hinchas del Partiz\u00e1n y del Madrid invaden dos o tres veces el campo para abrazar a sus jugadores, con ocasi\u00f3n de celebrar un gol, o la sanci\u00f3n de una falta, que la ansiedad lleva a los madridistas a confundir con el pitido final. Guardias con abrigos de tres cuartos, corren de ac\u00e1 para all\u00e1, despejando a los exaltados que estrujan a los futbolistas.<strong> Es la final de Bruselas de 1966.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Un hombre corre gritando auxilio. Lleva en brazos el cuerpo inconsciente, quiz\u00e1 ex\u00e1nime, de un muchacho. Bajo el peso de otros miles, cientos de aficionados se aplastan contra las alambradas. Los rostros se retuercen en gestos de dolor. En un p\u00edrrico intento de mantener en pie un cuerpo que adivinamos debajo de otros, pero no somos capaces de ver, manos que se agarran desesperadamente a la cerca. Ojos cerrados y bocas abiertas, en muecas exageradas, en los rostros del primer plano. Los brazos penden sin energ\u00eda, delatando cuerpos sin vida. Aplastados contra la valla, asfixiados. Treinta y nueve cad\u00e1veres tendidos sobre el cemento. Eran hinchas de la Juve, muertos en el p\u00e1nico de la huida de los hoolligans del Liverpool que han saltado a golpearles. M\u00e1s de seiscientos heridos. <strong>Es la final de Bruselas de 1985.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No fue la FIFA, por eso, quien sent\u00f3 a la gente en los estadios, ni prohibi\u00f3 el consumo de alcohol en su interior. No fue la FIFA quien acab\u00f3 con el f\u00fatbol cl\u00e1sico, por m\u00e1s que la supermercantilizaci\u00f3n, e incluso la correcci\u00f3n pol\u00edtica, vinieran despu\u00e9s a edificar el artificioso f\u00fatbol actual, sobre los despojos de aqu\u00e9l f\u00fatbol de escenas entra\u00f1ables hasta en el desorden, como las evocadas de la final de 1966.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los hooligans ingleses, los ultras italianos, sus remedos en el resto de los pa\u00edses europeos, fueron las parteras del f\u00fatbol moderno. Encontraron en el anonimato de las masas en los campos de f\u00fatbol un instrumento para aterrorizar a la poblaci\u00f3n, como otros lo hab\u00edan buscado en las consignas de las estaciones de ferrocarril. Un veh\u00edculo para sembrar el nazismo y la violencia entre los j\u00f3venes. Al generar la necesidad de protecci\u00f3n de la seguridad p\u00fablica, fueron los responsables de la adopci\u00f3n de todas las medidas que, p\u00e9simamente gestionadas por la organizaci\u00f3n del f\u00fatbol y los clubes, acabaron con el color y el sabor del f\u00fatbol cl\u00e1sico. Y aunque el castigo ejemplar cayera sobre el f\u00fatbol brit\u00e1nico, el fen\u00f3meno se hab\u00eda extendido a toda Europa. No se puede olvidar que el a\u00f1o anterior a la tragedia de Heysel, hab\u00edan sido los ultras de la A.S. Roma quienes hab\u00edan agredido a los aficionados del Liverpool, en la final celebrada en la capital de Italia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Ni fue inocuo el hooliganismo, ni nunca lo ser\u00e1.<\/strong> Que entre la polic\u00eda y los clubes lo hayan gestionado hasta erradicar en unos casos, y disminuir radicalmente en otros, los comportamientos violentos en los estadios, no autoriza a reescribir la historia, ni a ignorarla. Pero con ocasi\u00f3n de la supresi\u00f3n de la Grada Joven del Bernab\u00e9u, hemos asistido a intentos de esa clase de indecencia intelectual.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mayor indecencia cuando, precisamente, la causa de la decisi\u00f3n de la directiva del Real Madrid fue que una minor\u00eda neonazi se hab\u00eda hecho, por la violencia, con la direcci\u00f3n del grupo Ultras Sur, con el declarado prop\u00f3sito de recuperar hooliganismo. \u201c<em>Hab\u00edan convertido Ultras Sur en una pe\u00f1a m\u00e1s<\/em>\u201d; \u201c<em>Ultras Sur hab\u00eda dejado de ser un grupo ultra<\/em>\u201d; \u201c<em>Madridismo es irse a pegar con las aficiones contrarias<\/em>\u201d; \u00a0\u201c<em>El dinero de Ultras Sur para pagar las multas<\/em>\u201d, han proclamado en las redes sociales los nuevos jefes del grupo, en los momentos posteriores a la toma del poder. Una aut\u00e9ntica declaraci\u00f3n de prop\u00f3sitos, que alude despectivamente a los m\u00e1s de diez a\u00f1os sin incidentes violentos en el Bernab\u00e9u, que todos \u2014menos ellos, al parecer\u2014 celebr\u00e1bamos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al escal\u00f3n superior del desprop\u00f3sito, suben quienes generan el problema y se venden como soluci\u00f3n. Cr\u00e1neos esclarecidos pregonan que los madridistas necesitamos un somat\u00e9n que nos defienda del mundo. El viejo negocio de la protecci\u00f3n, tan com\u00fan a los clanes sicilianos y esa clase de organizaciones no gubernamentales. No supo entender la polic\u00eda holandesa su ben\u00e9fica funci\u00f3n, la vez que detuvo a alguno de los nuevos jefes en el aeropuerto de Amsterdam, por transportar una bolsa con palos de pelea.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El s\u00e1bado, los del cuento del somat\u00e9n celebraban gozosos que, en un incidente aislado, unos descerebrados hubieran golpeado a un madridista, por no dejarse robar el estandarte que, en recuerdo de <strong>Juanan<\/strong>, hab\u00eda presidido la grada madridista del <strong>Villamar\u00edn.<\/strong> Para no ser \u201cni\u00f1as primaveras\u201d, la respuesta proporcional habr\u00eda sido incendiar el barrio de Heli\u00f3polis, digo yo. Y <strong>Roncero<\/strong> y <strong>su torero<\/strong> haci\u00e9ndoles la ola. Venga rayas de caspa para el madridismo de anabolizantes y testosterona. \u201cHasta el morir\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"color: #0000ff;\"><em>(Publicado en ZOOM NEWS el 20 de enero de 2014)<\/em><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Si no tocaba pernoctar en la ciudad de paso, uno, que en sus a\u00f1os de estudiante viajaba libros por Espa\u00f1a, sol\u00eda confiar la maleta a la consigna, para recuperarla a la hora de subir al correo, o al expreso. 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