{"id":288,"date":"2016-09-28T03:53:45","date_gmt":"2016-09-28T03:53:45","guid":{"rendered":"http:\/\/manuelmatamoros.es\/?p=288"},"modified":"2017-10-29T01:02:11","modified_gmt":"2017-10-29T01:02:11","slug":"el-club-sin-discurso-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/manuelmatamoros.es\/?p=288","title":{"rendered":"El club sin discurso (I)"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La transici\u00f3n pol\u00edtica atropell\u00f3 al Madrid con <strong>Santiago Bernab\u00e9u<\/strong> enfermo, envejecido y pr\u00e1cticamente retirado. Y con una masa social cautiva por la inmensa deuda de gratitud que sent\u00eda hacia el anciano presidente, una de las figuras clave del desarrollo del f\u00fatbol mundial como espect\u00e1culo de masas y el constructor de la gran leyenda del Madrid.<\/p>\n<figure id=\"attachment_296\" aria-describedby=\"caption-attachment-296\" style=\"width: 400px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-296 size-full\" src=\"http:\/\/manuelmatamoros.es\/wp-content\/uploads\/2016\/09\/raimundo-saporta.jpg\" alt=\"raimundo-saporta\" width=\"400\" height=\"266\" srcset=\"https:\/\/manuelmatamoros.es\/wp-content\/uploads\/2016\/09\/raimundo-saporta.jpg 400w, https:\/\/manuelmatamoros.es\/wp-content\/uploads\/2016\/09\/raimundo-saporta-300x200.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-296\" class=\"wp-caption-text\">Raimundo Saporta<\/figcaption><\/figure>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Las consecuencias de su fallecimiento, en 1978, no hab\u00edan sido adecuadamente anticipadas por el club. El Bernab\u00e9u presidente hab\u00eda empleado el mismo estilo p\u00e9treo que el Bernab\u00e9u delantero. Era un ganador. Y la masa social, que le reverenciaba de una forma que no volver\u00eda a suceder jam\u00e1s, se identificaba en ese car\u00e1cter. Quiz\u00e1 la conciencia de la imposibilidad de reemplazar esa personalidad magn\u00e9tica, de diamantina dureza y germ\u00e1nica efectividad, estuviera en la base de la par\u00e1lisis de la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La sucesi\u00f3n de un presidente tan singular como Bernab\u00e9u era necesariamente delicada. Su car\u00e1cter fuerte, en\u00e9rgico, unido a su naturaleza de hombre de f\u00fatbol y del Real Madrid \u2014fue jugador del primer equipo durante los quince a\u00f1os anteriores a la profesionalizaci\u00f3n del f\u00fatbol, capit\u00e1n cuando el brazalete significaba mucho m\u00e1s que ahora, delegado, secretario t\u00e9cnico, miembro de varias directivas, presidida alguna por socios contrarios a sus posiciones antes de su ascensi\u00f3n a la presidencia\u2014 y al contexto hist\u00f3rico favorable al ejercicio autoritario de las potestades del presidente, hab\u00eda impedido que, desde 1943, pr\u00e1cticamente nadie creciera a su sombra.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Raimundo Saporta<\/strong>, su vicepresidente, era la excepci\u00f3n. Brillaba con luz propia de mucha m\u00e1s magnitud que <strong>Agust\u00edn Dom\u00ednguez<\/strong> y <strong>Antonio Calder\u00f3n<\/strong>, los otros dos soportes del equipo gestor de Santiago Bernab\u00e9u, que, sin negar sus indiscutibles habilidades para manejarse en cada una de las \u00e1reas en que se emplearon, b\u00e1sicamente reflejaban la luz del sol.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Saporta, el apoyo decisivo de Bernab\u00e9u en la exitosa aventura europea del Madrid, pod\u00eda jugar un papel importante en relaci\u00f3n con los reformistas del R\u00e9gimen y la Casa Real. Pero no eran las bambalinas \u2014desde donde, como segundo de Bernab\u00e9u, hab\u00eda prestado sus destacados servicios al club\u2014 el espacio que deber\u00eda ocupar en la sucesi\u00f3n del Presidente para conectar el Madrid con el futuro. Su lugar era el puente mando. Y no s\u00f3lo para manejar las palancas del poder, sino, destacadamente, por la funci\u00f3n de representaci\u00f3n inherente a la presidencia. En esa hip\u00f3tesis, el futuro habr\u00eda sido otro, con toda probabilidad. Pero Saporta, al que nadie pod\u00eda discutir su posici\u00f3n de albacea de Bernab\u00e9u, se equivoc\u00f3 dos veces en el ejercicio de esa funci\u00f3n; perjudicando al club.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La personalidad de Bernab\u00e9u tambi\u00e9n hab\u00eda eclipsado la patente necesidad de modernizar las estructuras del club. Se requer\u00eda una entidad capaz de afrontar los cambios que se avecinaban en la sociedad del \u00faltimo cuarto de siglo. Con toda su grandeza, el Madrid segu\u00eda siendo m\u00e1s parecido a aqu\u00e9l que tuvo la sede en el Paseo de Recoletos, y que el propio Bernab\u00e9u hab\u00eda reformado tras su ascenso a la presidencia en 1943, despidiendo de la secretar\u00eda t\u00e9cnica a <strong>Hern\u00e1ndez Coronado<\/strong> y postergando al jefe administrativo <strong>Carlos Alonso<\/strong> \u2014que hab\u00eda apoyado los intentos de alcanzar la presidencia del primero\u2014, situando a Antonio Calder\u00f3n como gerente por encima de \u00e9l.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A la necesidad de definir un nuevo concepto de negocio, y de poner en pie las estructuras org\u00e1nicas necesarias para soportarlo, corr\u00eda en paralelo la de construir un discurso propio. Espa\u00f1a hab\u00eda cambiado de discurso y el Madrid, que ten\u00eda tantos mitos a los que acudir para construir el suyo, corr\u00eda el riego de quedar anclado en el pasado, desconectado del nuevo referente social, lo que pod\u00eda ser peor, incluso, que carecer de discurso.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Inciso. No s\u00e9 si merece la pena anticipar la eventual objeci\u00f3n del \u00abpara qu\u00e9\u00bb un club de f\u00fatbol necesita un discurso. Qued\u00e1ndome en el aspecto puramente pragm\u00e1tico de la respuesta, dir\u00eda que para crecer. Como toda sociedad, un club necesita un sistema de valores que le d\u00e9 coherencia interna, que articule a sus miembros en un proyecto de futuro, que sustente una visi\u00f3n que jerarquice los objetivos. Fin del inciso.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La hegemon\u00eda mundial del Madrid hab\u00eda declinado hac\u00eda m\u00e1s de diez a\u00f1os, sin que mientras la ostentaba fuera capaz de construir el discurso que la aprovechara. Tampoco parec\u00eda necesario. Bernab\u00e9u lo llenaba todo. Y ni siquiera de un mito como <strong>DiSt\u00e9fano<\/strong> se aprovechaban las lecturas m\u00e1s convenientes para el futuro. M\u00e1s bien se encubr\u00edan. El discurso oficial hab\u00eda minimizado el \u00e9xito econ\u00f3mico y deportivo del Club. El ra\u00eddo t\u00edtulo de \u00abmejor embajador de Espa\u00f1a\u00bb vendr\u00eda muy bien a las necesidades de imagen del R\u00e9gimen, sin duda, pero aparentando ensanchar el \u00e1mbito de representaci\u00f3n del Madrid, en realidad era reduccionista. Para el que hubiera sido, de poderlo escribir, el discurso propio del Madrid, el dato clave era que hab\u00eda sido el primer club de f\u00fatbol que, luciendo sobre el pecho el escudo de la Uni\u00f3n Europea de F\u00fatbol, UEFA, hab\u00eda conquistado la Copa Intercontinental.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El Madrid nunca hab\u00eda aspirado a ser otra cosa que el mejor club de f\u00fatbol, pero s\u00f3lo un club de f\u00fatbol. Nunca tuvo vocaci\u00f3n de representar el imaginario simb\u00f3lico de otra entidad ajena. Si se quiere, <strong>la ciudad de Madrid<\/strong>, cuyo nombre, sin m\u00e1s sustantivos ni adjetivos que lo hicieran de menos \u2014luego vendr\u00eda lo de Real\u2014, incorpor\u00f3 desde su fundaci\u00f3n. Pero s\u00f3lo para el \u00e1mbito del f\u00fatbol, pues, como no cuesta imaginar, mal pod\u00edan aspirar a integrar el elemento simb\u00f3lico de su ciudad aqu\u00e9llos jovenzuelos que, ataviados en calzones cortos, se divid\u00edan en dos grupos de siete u ocho para correr tras una pelota de cuero en alg\u00fan desmonte o descampado, mientras las gentes de orden escrib\u00edan cartas al Alcalde, <strong>Augusto Aguilera<\/strong>, para que prohibiera semejantes exhibiciones de impudicia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A\u00fan con tan desencontrados or\u00edgenes, la ciudad de Madrid terminar\u00eda por identificarse con su Club. Pero eso no ocurrir\u00eda hasta los tiempos de la Rep\u00fablica, cuando sus primeras haza\u00f1as en el campeonato de Espa\u00f1a. Y puede que una gran parte de Espa\u00f1a lo hiciera durante la fase tecnocr\u00e1tica del franquismo, al calor de sus \u00e9xitos internacionales. Particularmente, esa parte que formaba la emigraci\u00f3n econ\u00f3mica \u2014que al regresar a Espa\u00f1a engrosaba en proporci\u00f3n notable las fuerzas clandestinas de oposici\u00f3n democr\u00e1tica\u2014 y que animaba entusiasta al equipo blanco en los estadios de Centroeuropa, pues, para su particular imaginario, las victorias del Madrid sobre los equipos locales supon\u00edan una vindicaci\u00f3n de su propia subordinaci\u00f3n social en sus pa\u00edses de destino.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Debido a la personalidad de Bernab\u00e9u, y en la medida de lo entonces posible para una instituci\u00f3n que no estuviera instalada en la clandestinidad, el Madrid hab\u00eda ido dejando un rastro de migas que pod\u00edan ser, m\u00e1s que muestras de distancia con el R\u00e9gimen, actos de no subordinaci\u00f3n a los criterios oficialistas. As\u00ed, las visitas del equipo completo a la <strong>Reina Victoria<\/strong> y <strong>Don Juan<\/strong> en Lausana, con motivo del primer partido de Copa de Europa frente al Servette en 1956, o al presidente madridista <strong>S\u00e1nchez Guerra<\/strong> al convento de Villaba en el que hab\u00eda ingresado al volver del exilio, con motivo de un partido frente a <strong>Osasuna<\/strong> en 1963, o la imposici\u00f3n de la insignia de oro y brillantes a <strong>Mosh\u00e9 Dayan<\/strong>, con motivo de un partido de baloncesto frente al <strong>Maccabi<\/strong> en 1970, acciones todas entendidas como ofensas personales por El Pardo. A\u00fan as\u00ed, el Madrid, que se hab\u00eda convertido menos de veinte a\u00f1os antes en el referente del f\u00fatbol universal, al punto de que un club de la patria del f\u00fatbol, el <strong>Leeds United<\/strong>, cambiara los colores de su uniforme para vestir de blanco desde 1960, corr\u00eda el riesgo de no poder explicarse en Espa\u00f1a, su vivero natural.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Enfrentado a ese momento decisivo, Raimundo Saporta cometi\u00f3, como hemos dicho, dos errores. Si no desde su perspectiva personal, que habr\u00eda que saberlo, s\u00ed desde la perspectiva del Madrid, del que hab\u00eda sido directivo y vicepresidente los \u00faltimos veinticinco a\u00f1os. El primero, negarse a ser el Presidente que todos los sectores del madridismo hubieran deseado. El segundo, una vez firme su decisi\u00f3n de apartarse, poner su decisiva representatividad a favor de la candidatura de <strong>Luis De Carlos<\/strong> para sustituir a un Bernab\u00e9u que <strong>Carlos Luis \u00c1lvarez<\/strong>, el inolvidable <strong>C\u00e1ndido<\/strong>, hab\u00eda sintetizado en una frase genial: \u00abEra un cazurro, no un carroza\u00bb. Exactamente la antit\u00e9tica podr\u00eda predicarse de su sucesor.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; La transici\u00f3n pol\u00edtica atropell\u00f3 al Madrid con Santiago Bernab\u00e9u enfermo, envejecido y pr\u00e1cticamente retirado. 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