{"id":101,"date":"2016-09-01T12:41:28","date_gmt":"2016-09-01T12:41:28","guid":{"rendered":"http:\/\/manuelmatamoros.es\/?p=101"},"modified":"2017-10-29T01:27:56","modified_gmt":"2017-10-29T01:27:56","slug":"una-persona-singular","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/manuelmatamoros.es\/?p=101","title":{"rendered":"Una persona singular"},"content":{"rendered":"<p><b>(nota necrol\u00f3gica de mi entra\u00f1able amigo Severino Alonso)<\/b><\/p>\n<p>6 de febrero de 2015<\/p>\n<figure id=\"attachment_102\" aria-describedby=\"caption-attachment-102\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-102 size-medium\" src=\"http:\/\/manuelmatamoros.es\/wp-content\/uploads\/2016\/09\/severino-alonso-e1472733588700-300x294.jpg\" alt=\"severino alonso\" width=\"300\" height=\"294\" srcset=\"https:\/\/manuelmatamoros.es\/wp-content\/uploads\/2016\/09\/severino-alonso-e1472733588700-300x294.jpg 300w, https:\/\/manuelmatamoros.es\/wp-content\/uploads\/2016\/09\/severino-alonso-e1472733588700.jpg 405w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-102\" class=\"wp-caption-text\">Severino Alonso G\u00f3mez. Foto: Sector del Juego<\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hay personas que, para bien o para mal, resultan singulares en su entorno.\u00a0<strong>Severino Alonso G\u00f3mez<\/strong>, al que su \u00edndole de castellano dot\u00f3 de un modo directo de expresi\u00f3n, cuya aspereza, incluso, nunca empa\u00f1\u00f3 su aguda inteligencia, fue para el sector del juego madrile\u00f1o una de esas personas singulares.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La honestidad con que siempre ejerci\u00f3 su oficio, su profesi\u00f3n, su pasi\u00f3n, distingui\u00f3 su aventura empresarial. La profundidad conceptual, consecuencia del rigor con que siempre aplic\u00f3 sus conocimientos, enriqueci\u00f3 sus desarrollos. Sus incontables horas de observaci\u00f3n atenta y de reflexi\u00f3n inteligente le facilitaron un conocimiento del sector al detalle, de profundidad tal que nunca supe de alguien que pudiera bucear cerca. Severino era, definitivamente, un hombre de conceptos. Y si un concepto no le convenc\u00eda de su capacidad de aportar valor a medio plazo a sus clientes, se negaba a ir m\u00e1s all\u00e1 en su desarrollo, por m\u00e1s que el mundo pareciera girar contrasentido. Y en no pocas ocasiones, extinguidos los fuegos artificiales, result\u00f3 que las cenizas de la verbena ven\u00edan a darle la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A la calidad dedic\u00f3 los esfuerzos que ahorraba en autobombo, en artificio, en ilusionismo <em>marketiano<\/em>. Otra cosa le habr\u00eda reportado mejores rendimientos, seguramente. Pero Severino era, ya lo he dicho, un hombre inteligente, lo que, interesa despejar la confusi\u00f3n, nada tiene que ver con ser un listo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hombre de profundas lealtades, tantas veces traicionadas por la ingratitud, sufr\u00eda un da\u00f1o moral profundo con cada una de esas felon\u00edas, aunque su natural humilde, reservado, t\u00edmido incluso, y su representaci\u00f3n de la existencia tendente a los negros, a lo depresivo, a la tristeza, no le permitiera o no le compensara expresar a quienes se las hab\u00edan causado el hondo dolor de esas heridas. Es seguro, sin embargo, que ninguno de aqu\u00e9llos a los que nos ha ennoblecido la amistad con que tantos a\u00f1os nos obsequi\u00f3, se sinti\u00f3 nunca traicionado por \u00e9l.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Trabajador infatigable, su autoexigencia era la causa de su exigencia con los dem\u00e1s. Constante. Obstinado, a veces hasta la contumacia, en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n no se dej\u00f3 convencer de abandonar empe\u00f1os que nos parec\u00edan errores. Quiz\u00e1 fuera \u00e9ste el rasgo m\u00e1s da\u00f1ino de su car\u00e1cter. Pero, al cabo, da\u00f1ino s\u00f3lo para \u00e9l. Incluso cuando contribuyeran factores ajenos \u2014aqu\u00e9l terco <em>talibanismo<\/em> burocr\u00e1tico que condicion\u00f3 el peor de sus fracasos, me viene ahora a la memoria\u2014, siempre arrostr\u00f3 las consecuencias de sus errores. De nuevo ese car\u00e1cter de persona singular en una sociedad acostumbrada a que los errores de otros, las canalladas incluso, las paguemos entre todos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el pronto de su adi\u00f3s, se confunde uno a si mismo lamentando que la muerte haya hurtado a Severino esa jubilaci\u00f3n tranquila, en su familiar Palma, a la que, valerosamente repuesto de un primer accidente vascular, declaradamente aspiraba. El <em>leitmotiv<\/em>\u00a0de su conversaci\u00f3n hab\u00eda cambiado este verano. Era el del padre orgulloso de Laura y de Javier, y del prudente empresario previsor del cierre ordenado, sin causar da\u00f1o a nadie, de su empresa de siempre. Mas siendo las ilusiones de la vida, la inclemente muerte no ha podido hurtarle nada. Es, me corrijo, el hurto que a quienes le quer\u00edamos nos ha hecho de \u00e9l, el que lamento. Porque quien crea que nuestro sector es hoy el mismo que era ayer, no tiene coraz\u00f3n. Pero quien se diga, por los a\u00f1os vividos, que sin Severino Alonso nuestro sector habr\u00eda sido el mismo, ese lo que no tiene es cabeza.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><span style=\"color: #0000ff;\">(publicada en SECTOR DEL JUEGO, febrero de 2015)<\/span><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(nota necrol\u00f3gica de mi entra\u00f1able amigo Severino Alonso) 6 de febrero de 2015 &nbsp; Hay personas que, para bien o para mal, resultan singulares en su entorno.\u00a0Severino Alonso G\u00f3mez, al que su \u00edndole de castellano dot\u00f3 de un modo directo de expresi\u00f3n, cuya aspereza, incluso, nunca empa\u00f1\u00f3 su aguda inteligencia, fue para el sector del &hellip; <a href=\"https:\/\/manuelmatamoros.es\/?p=101\" class=\"more-link\">Seguir leyendo <span class=\"screen-reader-text\">Una persona singular<\/span> <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[68,3],"tags":[96,97],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/manuelmatamoros.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/101"}],"collection":[{"href":"https:\/\/manuelmatamoros.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/manuelmatamoros.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/manuelmatamoros.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/manuelmatamoros.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=101"}],"version-history":[{"count":9,"href":"https:\/\/manuelmatamoros.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/101\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":183,"href":"https:\/\/manuelmatamoros.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/101\/revisions\/183"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/manuelmatamoros.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=101"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/manuelmatamoros.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=101"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/manuelmatamoros.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=101"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}